LA TORTURA CHINA

Muchos pensarán que me refiero a algún método de tortura elaborado por los chinos con la intención premeditada de hacer daño o algo parecido, pero lejos estoy de eso, me refiero a los famosos ómnibus de fabricación china marca Yutong, que aunque estoy segura su diseño para nada tenía la intención de torturarnos, lo logra con una eficacia increíble, sobre todo cuando el kilometraje a recorrer es extenso. Obviamente los chinos no fabricaron los ómnibus Yutong teniendo en cuenta las características de los cubanos, si así lo hubieran hecho el espacio entre los asientos fuera un poco mayor, porque a los cubanos no nos gusta para nada eso de andar tirados unos encima de otros, sobre todo cuando son desconocidos quienes nos rodean. Los asientos de estas guaguas han traído más de un altercado entre los pasajeros y verdaderamente si alguien quisiera conocer a qué me refiero cuando hablo de tortura, solo con viajar de Villa Clara a La Habana tendría suficiente para comprender, aunque si es masoquista podría probar un viaje de más de catorce horas desde la capital hasta cualquier punto bien oriental del país.

Abundan las bromas entre los clientes de la única línea de autobuses nacionales, la ASTRO, que a pesar de su nombre cada día pierde más brillo, porque las guaguas envejecen sin recibir mucho mantenimiento, los espaldares de los estrechos asientos, por ejemplo, adolecen de los bolsillos de malla para colocar pomos con agua o algún otro objeto que debamos llevar a la mano que otrora poseían. En muchos de los ómnibus las cortinas cuelgan con roturas o es imposible recogerlas acordonándolas con los broches destinados para ello, así que o viaja tomando el caliente sol cubano, si es de día, o se resfría con la luz de la luna que atraviesa los cristales, si es de noche, o simplemente no puede ver el exterior durante todo el viaje, cuestión esta muy negativa para los claustrofóbicos. Si añadimos la pestilencia que se desprende del baño sumado a la monotonía de los viajes porque las pantallas para proyectar filmes o musicales cuelgan inservibles durante todo el trayecto. Pero lo más incómodo continúa siendo la estrechez entre los asientos.

Como decía las bromas y conjeturas son muchas: que si los chinos piensan que los cubanos tenemos extremidades tan cortas como las de ellos o que somos tan flacos o tan tiesos como ellos, que si las guaguas fueron fabricadas para viajes de tramos cortos, que si todavía llevo clavada la rodilla del tipo de atrás en la espalda, que si la gorda de al lado casi me echa al piso y la última que escuché: ¡Oyee, esta guagua es una condená tortura china!

En estos días recibimos la visita en casa de un grupo de amigos, las anécdotas llovían y a mí casi se me termina el tubo de bengay en los masajes que tuve que dar, imaginen que mis visitantes ocuparon nada más y nada menos que los asientos ubicados delante del baňo y los antepenúltimos, los tiesos como se conocen, los que no se reclinan hacia atrás. Si a alguien le queda dudas de lo torturante de estas guaguas, si es extranjero no venga a viajar por el país en autos rentados, ni en autobuses fletados, escoja a la nacional Astro, siéntese en uno de los tiesos y estoy segura que después de la experiencia nadie podrá hacerle un cuento de lo que es la verdadera realidad que vivimos día a día los cubanos.

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