LA INVOLUCION ENERGETICA

POR: YOAXIS MARCHECO SUAREZ

Sendos apagones la semana pasada, uno el lunes desde horas tempranas de la mañana hasta bien pasado el mediodía y el otro el día martes ocupando la tarde noche, me hicieron volver a reflexionar sobre el tema que tan en moda estuvo hace algunos años atrás cuando todavía el jerarca mayor nos presidía. La Revolución energética, que hizo creer a muchos que todos nuestros problemas referentes a esta situación serían resueltos y que como por arte de magia podríamos vivir dependientes cien por ciento de la electricidad con un consumo mínimo de energía -idea que solo a un demente podría ocurrírsele en un país de deplorables condiciones económicas como el nuestro-, claro que este demente calculó bien la subida de las tarifas que los clientes deberíamos pagar desde el momento que felices, contentos y nunca protestones comenzáramos a usar las “modernas y cómodas” hornillas, ollas y calentadores eléctricos. El queroseno, petróleo, brillantina o luz brillante como se le llama indistintamente en las regiones del país sería solo para los casos de emergencias o catástrofes como los tan temidos y habituales ciclones. Pero al demente se le olvidó calcular que los enseres que vendió no tenían la calidad requerida para una durabilidad prolongada, mucho menos eterna; y que en la isla, por las condiciones críticas de las viejas redes eléctricas, las que bien pudieran contarnos la historia de Cuba desde el surgimiento de la República hasta la fecha, tanta demanda de energía puede provocar fallas inesperadas, inoportunas y frecuentes, sobre todo en esta época del año donde a pesar del horario especial de verano que permite aprovechar más la luz solar, las habituales tormentas vespertinas con lluvias, descargas eléctricas y viento incluido, ocasionan desperfectos en las redes que pueden ser rápidamente solucionados o como en la semana anterior demorar horas y afectar el horario de almuerzo o de comida en los hogares.

Como el que guarda pan para mayo, muchas amas de casa no se atreven a arriesgar el queroseno acumulado, pensando en que si lo usan para un simple apagón de tres o cuatro horas, cuando venga el momento de la verdad, los días enteros sin fluido eléctrico a causa de los meteoros, entonces no tendrán con qué cocinar o alumbrarse. Particularmente en mi hogar, no contamos con fogón que use queroseno para su funcionamiento, así que en reiteradas ocasiones nos hemos visto “fritos y luego puestos al sol” o la hemos pasado como en “Blanquizal de Jaruco”, en otras palabras y para que se me entienda, no hemos podido elaborar alimentos o hemos tenido que salir con nuestros calderos y provisiones a pedir auxilio a algunos vecinos cercanos, que confieso muchas veces nos han sacado del apuro. Por otro lado, las hornillas y los otros elementos domésticos como ya decía no siempre están en sus mejores condiciones, mi hornilla por ejemplo nos ha ocasionado, entre reemplazo de la resistencia y el cable conector, una considerable inversión. En cierta ocasión estuvimos en estado de sitio alimenticio por más de una semana porque no habían resistencias en el pequeño tallercito del poblado y mi fogoncito venía siendo en la larga lista de espera casi el número trescientos, para qué decir que son días de los cuales no quisiéramos acordarnos.

Pero no hablemos solo de los hogares y la constante odisea de la elaboración del plato nuestro de cada día, pensemos en la gran inversión que se hizo en costosos equipos de climatización para oficinas, tiendas recaudadoras de divisa, centros médicos y salas de cirugía o consulta y otros del sector estatal; un buen número de ellos en la actualidad puede funcionar solo en determinados horarios del día o de la noche, o simplemente yacen enmarcados en una pared, deteriorándose y desaprovechando los beneficios de su vida útil. Otra muestra más de la demencia y poca sabiduría económica de los “Padres” del Socialismo en Cuba.

Mientras escribo este post ha comenzado a llover como es típico de las tardes de mayo, o al menos debería serlo, se escuchan lejanos truenos y el calor se vuelve sofocante. Pero, solo adivinen qué acaba de ocurrir. Sí, es bien sencillo adivinar, hace unos minutos se fue el fluido eléctrico. ¿Será esta tarde otra más que pasaremos en “blanquizal de Jaruco” o desfilando con nuestros enseres por el vecindario? No sé, ya con el sudor abundante en las cabecitas de mis niñas y con la más pequeña pidiendo a gritos un ventilador, tengo suficiente para recordar que el demente que alguna vez mencionó la frase falsa de “Revolución energética en Cuba”, no adolece jamás de la electricidad y no usa para su consumo “los frágiles tarecos” que vendió al pueblo para usar en sus humildes cocinas. A este demente siempre le ha dado lo mismo jugar con las palabras, estoy segura que al pronunciar el término “Revolución” se reía una vez más de sus sumisos súbditos y en sus adentros solo pensaba que si este plan ilógico y mediocre fallaba, ninguno de ellos reclamaría.

Lo cierto es que nos ahogamos en esta involución energética, económica, social, cultural, educacional que muchos ciegos aun llaman “gloriosa Revolución cubana”; y en medio de esta asfixia el pueblo aun continúa mudo de forma lamentable, aun cuando en un susurro se queja de quien o quienes quitaron el queroseno y lo sustituyeron por frágiles hornillas eléctricas.

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LAS MISIONES DEL CARDENAL

Por cuanto lo hicisteis a uno de estos pequeñitos a mí lo hicisteis. Mateo 25.40

En aquellos años de las UMAP, cuando el señor Jaime Ortega era uno más en los campos de concentración, nadie habría sido capaz de imaginar que las últimas pero más importantes misiones de esto que todavía algunos llaman Revolución las llevaría a cabo precisamente él.

El año pasado por estas fechas (mayo 2011) el mitrado se paseaba como mandadero del régimen por Europa intentando conseguir con su influencia la eliminación de la denominada Posición Común europea, reacción lógica del viejo continente ante los desmanes del desgobierno cubano. Enarbolaba para ello la jactancia de haber conseguido la liberación en 2010 de cincuenta y dos prisioneros de aquel grupo de setenta y cinco de la Primavera Negra de 2003, y de otros más, con tal pretensión, conveniente al monopolio político en Cuba, usurpaba con arrogancia el verdadero mérito a la muerte de Orlando Zapata Tamayo, al desafío de mujeres exclusivamente armadas con gladiolos, y al Ayuno del Sr. Guillermo Fariñas. La sotana cardenalicia fue usada así por el régimen para dar salida de negociación a uno de sus atolladeros más grandes de los últimos tiempos, pero no bastandole, pretendía emplearla adicionalmente para sustituir a su inefectivo Ministerio de Relaciones Exteriores en sus gestiones para conseguir el dinero que urgentemente necesitaban de Europa previendo una posible debacle venezolana, ahora inminente.

Fue precisamente durante la misión europea del Cardenal que Dios permitió que este servidor coincidiera en la calle Cuba en Santa Clara con un moribundo a consecuencia de una fuerte golpiza que había sido anunciada previamente durante el Ayuno de Fariñas, y que el régimen llevó a cabo mediante sus verdugos preparados para ello en la mañana del 5 de mayo. Adelantándome a la muerte de la víctima twittié en tiempo real aquella misma mañana la noticia del asesinato que definitivamente se materializó en las horas que transcurrían entre el 7 y el 8 de mayo. La frustrada impunidad de la ejecución extrajudicial de Juan Wilfredo Soto García echó así por tierra la misión europea del Cardenal. Los mismos que le habían enviado atrofiaban sus gestiones con la chapucería de otra muerte, pero, ¿qué se puede esperar de una dictadura habituada a estos métodos desde sus orígenes?

Desde la muerte de Soto García han acaecido por lo menos otros dos connotados decesos que han vuelto el dedo acusador en dirección al régimen: Laura Pollán (14 de octubre, 2011) y Wilman Villar Mendoza (19 de enero, 2012). A pesar de ello Benedicto XVI se hizo presente en la isla y no precisamente para condenar de criminal al régimen, como algunos esperaban, sí a recuperarle terreno perdido a su iglesia no hay quien lo dude, pero concediendo de parte del Vaticano una extremaunción inmerecida a un sistema caracterizado por la opresión y el latrocinio a su pueblo.

Esta nueva misión del Cardenal fue cumplida con éxito a ojos de sus beneficiarios que le ofrecieron hasta las páginas de su rojo diario, los mismos que por décadas les negaran a él y al resto de las iglesias el derecho a los medios. Además de propiciar la benefacción del Papa a los mismos que un día soñaron, evocando a Lenin, la desaparición de la religión, una de las cosas más repugnantes que existen bajo la capa del cielo (V. I. Lenin: Acerca de la religión. Recopilación de artículos. Moscú: Editorial progreso, 1973; p. 13); el Cardenal se comportó como todo un cederista entregando en manos del lobo a desesperadas ovejas que buscaron amparo dentro de las paredes de algunos de sus templos. No bastando con ello dio sin dudas el visto bueno a toda la ola represiva que se desató con simultaneidad a la visita del Papa y de la que por cierto fui una de las centenares víctimas. Añadido a la visita del líder católico mundial estuvo la de los peregrinos del otro lado del estrecho de la Florida algunos de los cuales se fueron al parecer enamorados de lo que aparenta ser un pobrecito gobierno apabullado por la bota imperial de sus vecinos del norte. Como apéndice corolario a esta exitosa misión del Cardenal y en evidencia adicional a lo antes expuesto, la Conferencia de Obispos Católicos de los EEUU ha emitido una carta al presidente Obama solicitando el levantamiento del bloqueo al régimen de Cuba cuando justamente debían haber complementado con otra solicitando al de Cuba que levante el que ejerce contra su propio pueblo.

Esta vez la misión de primavera del Cardenal fue precisamente por el Norte revuelto y brutal, trata de conseguir lo que hace un año exacto no pudo por Europa. La sotana se pasea por América del Norte con toda su solemnidad y se atreve con desprecio en la mismísima Universidad de Harvard a tildar de delincuentes y hasta de cuasi analfabetos a aquellas ovejas que entregara en manos del lobo previa visita papal. No por gusto aquellos a quienes vuelve a representar no han podido evadir el salir en defensa de su alfil, en medios como el portal Cuba Sí, ante las lógicas reacciones que llegan a pedir incluso al Vaticano la inmediata remoción de su servidor. Es evidente que Jaime Ortega intenta conseguir esta vez lo que ni el mismo Fidel al inicio de su aventura obtuvo en su gira también por aquellos lares, aún a costa de negar entonces que lo que intentaría implementar aquí sería el comunismo porque su barba no era imitación de la de Carlos Marx sino de la de Lincoln. Los agentes de la Red Avispa no tuvieron órdenes tan urgentes como esta. Juntas todas las misiones internacionalistas del pasado no habrían ambicionado una meta tan alta ya que del éxito de esta depende una de las últimas cartas que el régimen se juega en su desesperada sobrevivencia.

Si la iglesia católica posee pretensiones políticas en la Cuba postcastro y desea ir ganando ventaja en la figura de su cardenal no está ejerciendo papeles limpios para ello. Si esta es la transición sin traumas a la que el mismo Benedicto XVI aludió de lejos antes de llegar a Cuba, se equivoca con creces el Papa. El papel rastrero del líder de la iglesia católica cubana no hace ningún favor a cientos de sus practicantes que día a día contribuyen a paliar el dolor de este pueblo, y genera en la historia presente de su Iglesia una mancha que no escapará de los análisis futuros, y mucho menos de Aquel al que todos hemos de dar cuentas, especialmente mientras más responsabilidad se nos haya concedido.

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EL COSTO DE LAS CELEBRACIONES RECUPERADAS

En mi Post anterior: “Celebraciones recuperadas”, hice alusión a las concesiones que el Régimen cubano ha otorgado a la Iglesia Católica referente a las celebraciones de la Navidad y el Viernes Santo, este último, aunque calificado y adoptado así por los católicos, es tomado como referencia por muchos cristianos en el mundo para recordar todo el calvario sufrido por Jesús en su trayecto por la Vía dolorosa y su deceso en la Cruz; particularmente celebro tanto el nacimiento de Cristo, como su muerte y resurrección. Creo firmemente que estos tres sucesos marcan nuestra fe y por supuesto la misión o el ministerio del Mesías entre los hombres.

Creo además que cada concesión que la Dictadura conceda para su propia supervivencia, aunque sin lugar a dudas “migajas” para las iglesias, son también elementos que van mostrando su creciente y progresivo deterioro y su ya notable incapacidad de decir no a temas que décadas atrás dominaba y sobre los cuales ejercía su poder “absoluto” y arbitrario. De cualquier modo en mi anterior artículo dejé muy claro lo que realmente era mi objetivo y era precisamente demostrar que en otros puntos todavía los gobernantes cubanos se abstienen de dar una respuesta, entre ellos permitir la reapertura o la apertura de colegios religiosos, el otorgamiento de espacios radiales y televisivos; y añado la libertad genuina de reunión y convocatoria, la libertad de credo y el respeto a la autonomía de los diferentes cuerpos de creyentes, eliminando la intromisión abierta y descarada en los asuntos internos de las iglesias y la manipulación del liderazgo de las mismas.

El Gobierno cubano ha creado una nueva forma de penetración y manipulación, a la que el pastor Mario Félix ha llamado: “el abrazo de la muerte”, donde las relaciones iglesia-estado aparentan ir de bien a mejor. Esto de conceder pequeñas demandas, dejar correr el cordel hasta cierto límite, ofrecer prebendas y privilegios, facilita al Régimen un poco del vital oxígeno que tanto necesita para su supervivencia y le garantiza, como ya dije, un control más cómodo sobre las iglesias; de esta manera, la construcción o reparación de templos, los permisos para crear nuevas iglesias, las facilidades para la adquisición de medios de transporte, las autorizaciones de salida al exterior a líderes y las visas especiales para extranjeros, entre otros, forman parte del “respetuoso chantaje” que el poder gubernamental ejerce sobre el poder eclesial. El fatídico abrazo favorece a los dictadores y ennegrece la imagen de Cristo en el demacrado rostro de la iglesia cubana.

Estoy segura que estas celebraciones que el pueblo creyente ha recuperado y que, repito, la debilidad actual del Régimen y no su comprensión o afecto hacia el cristianismo, le obligó a conceder, llevan en sí una alta cuota de entreguismo y servilismo por parte de las altas esferas católicas del país, lo vimos bien claro en las desafortunadas declaraciones del Cardenal Jaime Ortega durante su viaje a los Estados Unidos, con respecto a los disidentes que ocuparon los templos en los días previos a la visita de Benedicto XVI. El Cardenal se ha apropiado del lenguaje mezquino, ofensivo y siempre desacreditador del Régimen lo que me hace pensar que ha estado recibiendo últimamente algunas lecciones y que se ha convertido en un estudiante aventajado. Este es el costo de los días feriados.

Solo espero que la verdadera iglesia, el auténtico rebaño que el Buen Pastor conoce, huya de las garras que pretenden en un abrazo ahogarla hasta la muerte. Es preciso comenzar a despojarnos de todo interés material y humano y enunciar en nuestro discurso cotidiano la verdad, denunciando la condición triste de la realidad cubana, sin ambigüedades, ni falsetes. Llamar por su nombre al pecado de quienes nos mal gobiernan desde hace ya muchas décadas y denunciar también a “la Gran Ramera”, esa que se sienta junto a los poderosos de este mundo (país) y cede los legados divinos por las ganancias superfluas de esta vida. El pacto entre los reyes tiránicos del país y sus nuevos aduladores no prosperará, porque no habrá obra maligna que Dios permita siga afectando y subyugando a nuestra patria y muy especialmente a sus hijos; así, sin temor ninguno y con toda certeza, lo declaro.

 

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Carta del Presbítero Mario Félix Lleonart Barroso a Fiscalía Provincial de Villa Clara y Dirección de Protección de los Derechos Ciudadanos de la Fiscalía General de la República

23 de abril de 2012.

Año del Señor.

De: Presbítero: Mario Félix Lleonart Barroso.

A: Fiscalía Provincial de Villa Clara y Dirección de Protección de los Derechos Ciudadanos de la Fiscalía General de la República.

Por cuanto: Dentro de apenas unos días, el 8 de mayo, se cumplirá un año ya de la controversial muerte del ciudadano santaclareño Juan Wilfredo Soto García.

Por cuanto: A petición de quien suscribe, la Fiscalía General de la República delegó en la Fiscalía Provincial de Villa Clara, la apertura de una investigación al respecto, según me diera a conocer en carta fechada 19 de julio de 2011, a nombre del máximo órgano, el Fiscal Raúl López Pertierra, Jefe del Departamento de Asuntos Penales.

Por cuanto: En evidencia de que la Fiscalía Provincial de Villa Clara atendió al pedido de la Fiscalía General de la República, iniciando una investigación, el 8 de septiembre de 2011, el Fiscal Osmel Fleites Cárdenas tomó mi declaración respecto a todo lo que me consta en relación al deceso de Juan Wilfredo Soto García, de la cual levantó Acta refrendada por ambos, y me informó que existían suficientes elementos para abrir un Proceso Investigativo-Penal.

Por cuanto: En aras de colaborar con el desenvolvimiento de dicho proceso, el 7 de octubre de 2011, me personé y entregué en manos del propio Fiscal Osmel Fleites Cárdenas, en la sede de la Fiscalía Provincial de Villa Clara, una lista con suficientes datos como para localizar con inmediatez a otros testigos referenciales, todos dispuestos también a declarar ante este procurador.

Por cuanto: Ninguno de dichos testigos ha recibido hasta el momento citación alguna para declarar, poniendo en dudas que el proceso haya continuado o lo que es peor, que no exista una real disposición de esclarecer los hechos, que tratan sobre la perdida de una vida humana, que desde mi visión solo puede ser quitada por Dios.

Por cuanto: Incluso, ya uno de los testigos murió sin ser llamado a declarar (Santiago Martínez Medero, 21 de diciembre de 2011), y en la medida que transcurre el tiempo, por diversas causas, otros también pueden quedar inhabilitados de hacerlo, lo cual obra en detrimento de una investigación rigurosa, como debería corresponder en relación a serias dudas sobre las causas reales de la muerte de un Ciudadano Cubano.

Por cuanto: La seria declaración que me realizara el ciudadano Soto García antes de fallecer, generó en mí una responsabilidad en mi condición como ser humano, cubano, cristiano, bautista y pastor.

Por cuanto: Tal y como manifesté en mi declaración al Fiscal Osmel Fleites Cárdenas, el 8 de septiembre de 2011, en la condición legal de Testigo Referencial con que las Leyes Vigentes me identifican, me siento agraviado y aludido por las diversas publicaciones que a priori de cualquier investigación tuvieron lugar en la prensa oficial, en los días sucesivos a la muerte de Soto García; más específicamente en la denominada ‟Nota Informativa del Gobierno Revolucionario” (primera página del Granma, 10 de mayo de 2011), en el artículo ‟Cuba desprecia la mentira” del periodista Freddy Pérez Cabrera (tercera página del Granma, 12 de mayo de 2011), en la Editorial ‟Fabricar pretextos” (primera página del Granma, 16 de mayo de 2011) y en la irrespetuosa caricatura en primera página del Granma del 17 de mayo de 2011.

Por cuanto: Me ampara mi calidad de demandante y los plenos deberes y derechos que me asisten por la simple razón innata de ser Ciudadano Cubano,

Como Ciudadano Cubano al amparo de la Ley demando varias cuestiones:

Demando: Se me informe acerca del estado de la investigación, que el 8 de junio de 2011 solicité a la Fiscalía General de la República y que fue delegada por esta instancia en la Fiscalía Provincial de Villa Clara.

Demando: Que en dicha investigación sean tenidos en cuenta todos los por cuantos que en esta carta enuncio.

Demando: Que la Fiscalía General de la República haga cumplir lo legislado, como es su razón de ser.

Sin otro asunto y agradeciendo de antemano la atención que espero sea concedida, como por derecho me corresponde.

Mario Félix Lleonart Barroso

Presbítero Bautista

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A PROPÓSITO DEL CONCIERTO DE PEDRO LUIS FERRER EN MIAMI EL PRÓXIMO 5 DE MAYO:

Tengo el honor de colaborar para la revista Signos, fundada por ese imprescindible de la literatura cubana llamado Samuel Feijóo, desde su número 48. Como la edición 50 estaría dedicada al tema del humor en la poesía no lo pensé dos veces para aprovechar y saldar una deuda que tenía más que con Pedro Luis Ferrer, conmigo mismo.

Lamentablemente parece ser que en aquel instante el tema Pedro Luis Ferrer no estaba entre los aprobados en aquel momento especialmente después de cierto escándalo ocasionado por la publicación en la revista Umbral No. 11, 2003 del trabajo Pedro Luis Ferrer: Algo de bronca y más de Alexis Castañeda y Héctor Bosch por el cual, según me dijera el amigo ya desaparecido Don René Batista Moreno, algunas cabezas habían rodado.

A propósito del concierto que ofrecerá el admirado artista en Miami el próximo 5 de mayo y porque en los blogs uno no solo tiene la ventaja de escribir sino también de ser el director, el administrador y hasta el propio censor ahora si va, aunque con algunos años de diferencia:

RESPUESTA DE MARIO AGÜE…:
Confesiones de un fan.
¿ y qué te parece Mario Agüe… como llevo la vida?
Pedro Luis Ferrer

Salas liliputienses
estallan contigo, gigante que canta sin miedo.
Los expertos en nadar contra corrientes (idas)
cambian todo por escuchar tus sones, guarachas y changüizas,
para reír de la vida y de la muerte
desde la nada.
¿Qué que me parece?
que a tu Arpa no la pueden callar.

Yo podría permanecer en silencio ante palabras autorizadas y concluyentes como las de un critico de la altura de Frank Padrón Nodarse (Pedro Luis Ferrer; de acuerdo con la discordia. En: Revolución y Cultura. Año 36, No. 1, enero – febrero de 1997, p. 60.) cuando al referirse a Pedro Luis Ferrer y su obra declara que en él “se unen el juez, el vigía y el poeta, y como si fuera poco, el humorista” . También debería hacerlo ante los versos del propio Pedro, a mi modo de ver autodescriptivos, cuando magistralmente dice: “Y mientras cante tu martillo de poeta/ cincelando en el hombre la alegría/ verás que hasta la piedra te interpreta/ y que se torna piedra/ hasta la poesía”. Pero tengo el privilegio de poseer mi propio jolongo de experiencias sobre “el gordo”, como cariñosamente le conocemos sus fans. Anécdotas sencillas como las que posee cualquiera de sus anónimos admiradores, entre los que orgullosamente me incluyo, pero suficientes como para almacenarlas en el sitio de los buenos recuerdos y concebirlo al disfrutar de su arte entre uno de los mejores maestros, si no el mejor, de quienes cultivan la poesía humorística cubana. Y acaso porque me llame Mario, y quiera darme por aludido en el reiterado interrogatorio que Pedro hace en una de sus jacarandosas composiciones “¿y qué te parece Mario Agüe… como llevo la vida?”, aquí estoy narrándolas.

Como para dar tintes de prólogo a mis cinco años de Universidad en La Habana, llegó a mis manos allá por el año ’91 la copia de una grabación en vivo hecha con una grabadora cualquiera, por quién sabe que fan, de un ‘celebre’ concierto que Pedro había dado en el Karl Marx. Después del esfuerzo que debe hacerse para escuchar este tipo de grabaciones amateurs -que después corroboré eran más abundantes de lo que suponía y a las que seguí escuchando una y otra vez hasta aprenderlas de memoria- quedé sorprendido. La popularidad para nada menguada de Pedro está sustentada no en burdos versos ni en música barata y sin embargo debe mucho a registros fonográficos artesanales que como él mismo reconoce proceden de “ese mecanismo que se ha creado espontáneamente en la sociedad cubana, con el cual la gente se ha convertido en una especie de divulgador de lo que le interesa… la sociedad tiene medios autónomos y ya es un reto también para los medios de difusión oficiales… El artista es trueno y el pueblo es viento…” (Castañeda, Alexis y Héctor Bosch. Pedro Luis Ferrer: Algo de bronca y más. En: Umbral. Dirección Provincial de Cultura de Villa Clara. No. 11, 2003, p. 9). Comprendí desde mi óptica de espectador difícil de conformar que me encontraba no sólo ante la obra más reciente e ignorada del “gordo”, sino también frente a un arte auténtico y de la más pura cubanía, para nada afectada por constituir composiciones satíricas extremadamente jocosas, porque el arte no está reñido con la risa.

Así fue que conocí Abuelo Paco; 100% cubano; Marucha, la jinetera; No me voy a defender; La tarde se ha puesto triste; El tiene delirio;… si bien no todas poseen un tono humorístico constituyen en su generalidad criticas certeras hacia aspectos en la sociedad en que se hacía necesario cambiar. En lo que a mi respecta no solo era la reanudación del aprecio como público por un arte que ya conocía y cuya difusión se me había interrumpido y que ahora para mi doble alegría podía constatar seguía existiendo y en ascenso como toda obra de un artista serio; me identificaba además con algunos de sus pegajosos textos por tratar temas que me llegaban muy de cerca, por ejemplo mi condición de creyente evangélico por la cual sufrí mas de una vez me apegó mucho a versos como: “Yo conozco la Comuna/ no la que estalló en París/ sino la que está viviendo muy distinto a ti y a mí/ y luego se justifica con Lenin y Karl Marx/ diciéndonos que en el cielo ningún Dios nos va a esperar.” Es lo que Frank Padrón teoriza como “la difuminación de las barreras entre lo cómico, lo trágico o lo simplemente dramático; para él las categorías humanas están muy vinculadas, y así encara muchos temas considerados tabúes o sacros, desdramatizándolos y accediendo con ello a un verdadero tuteo con el receptor.”

Con el sabor de este reencuentro tan grato me fui a La Habana en septiembre de 1993 a estudiar una carrera universitaria. No tenía pretensión alguna de asistir personalmente a disfrutar conciertos de “el gordo”, en mi ignorancia, fruto de una desinformación total respecto a mi admirado cantor, lo consideraba un artista “quemado” del que ya solo tendría que conformarme con los cassettes amateurs salvados por puro milagro, y con sus antiguas canciones, también en copias malas pues hasta entonces jamás se había editado en Cuba un disco que al menos las incluyera a ellas. Así fue que un día cualquiera mientras estudiaba acostado en mi cuarto de la beca universitaria en F y Tercera quedé petrificado al oír a través de una brevísima nota cultural de la COCO Radio Cadena Habana el anuncio de un concierto de quien yo hacia tras las rejas, que había regresado nada más y nada menos que de una exitosa gira por Alemania y Estados Unidos. Aquella lacónica información de la cual no encontré replicas en ningún cartel por la ciudad, ni siquiera en otra noticia por otra emisora, ni en la propia COCO en lo adelante, me hizo suspender mis planes hasta aquel momento sagrados de partir a Las Villas el siguiente fin de semana para estar con mi familia. El concierto sería en el patio del Museo de Artes Decorativas. Tan pronto pude acudí hasta allí para verificar si lo que había escuchado por la radio era invención de mi imaginación o si se trataba de un hecho real. En efecto, no había ningún anuncio, pero una de las trabajadoras me lo corroboró aunque me indicó que no se estaban vendiendo entradas con antelación, sería una hora antes ese mismo sábado. Dejar de ir a casa un fin de semana, cuando está escaseando el dinero y el estomago está hastiado de chicharos y coles, menú constante en aquella temporada de cruento período especial en la beca, era un verdadero sacrificio para cualquier estudiante universitario que pudiera hacerlo. Pero se trataba de lo inesperado y lo insoñado: un concierto de Pedro.

Nunca supe las causas pero, qué chasco me llevé cuando al llegar al Museo preocupado en cómo me las ingeniaría para comprar las entradas y en sí tendría que pagar dinero extra para entrar, encontré los alrededores silenciosos y envueltos en la rutina habitual de cualquier sábado. Esto ya constituía un mal presagio, pero el alma se me heló cuando la portera me informó que el concierto quedaba suspendido hasta nuevo aviso. El sacrificio había sido en vano. Pero no me rendí, tenía que estar de cualquier modo en aquel concierto, y como sabía que aquel nuevo aviso no podía esperarlo de algún anuncio gráfico o radiado, día a día pasaba por el museo hasta corroborar que sería el sábado siguiente. Y aunque ya no estaba tan seguro, volví a arriesgar otro fin de semana, martirizando mi estomago y dejando de ver a mi familia que ya pensaba me había encontrado alguna novia.

Pero esta vez si di en el blanco. Fue la primera vez, aunque no la última, que viví la experiencia memorable de un concierto del “gordo”. No sólo le vi personalmente, vestido de negro como siempre acostumbra, también conocí su divertido grupo, y hasta su hija que en aquella ocasión nos deleitó interpretando una de las canciones magistrales compuestas por su padre. No fue fácil entrar con tanto público a tan poco espacio, pero como cualquier joven, flaco, solo y decidido a todo, lo logré. Como la mayoría de los asistentes me senté en el suelo ubicándome en primera fila. Previo al comienzo no se me olvida una requisión buscando grabadores amateurs, _está prohibido grabar aquí_, recuerdo advirtieron algunos agentes de orden en tono bajo que se paseaban entre la multitud, e incluso una mujer que parece me vio cara de sospechoso se me acercó para cerciorarse de que yo no llevaba alguna minigrabadora.

Recuerdo que fue nuestro respetable profesor de la Universidad Guillermo Rodríguez Rivera, invitado especial de Pedro Luis, quien abrió recitándonos algunos de sus poemas concluyendo con uno que dedicó especialmente al cantor, y que como para encender el concierto y con sonrisa pícara de complicidad mirando a Pedro, concluía diciendo: “Canta/ canta sin miedo.” Este primer concierto de Pedro al que asistí rebasó todas mis expectativas: oí cantar al público, yo entre los primeros, a coro con él las canciones aprendidas del cassette prestado, las viejas y otras nuevas como las del buzo, la manera popular de llamar a esos que viven de rebuscar en los basureros de La Habana, o la de “mis amigos se van al restaurant” o la de “que por cada CDR haya treinta paladares”. Además de cantar con su inconfundible voz nasal acompañando sus textos de los gestos apropiados y principalmente con su sonrisa pícara y sarcástica de niño malo, Pedro deleitó, como vi siempre en adelante en todos sus conciertos, con su manejo experto de la guitarra que colocaba de mil maneras, lo mismo rasgando sus cuerdas que usándola como tambor; recitó poemas y hasta nos ofreció un monologo y contó chistes. A propósito de su recién finalizada gira nos puso al tanto de sus éxitos por Alemania y Estados Unidos, y con la confianza de quien se reúne con sus amigos después de un largo viaje incluyó algunos chismes de la gran familia artística cubana extendida alrededor del mundo con la que tuvo contacto: de lo duro que era ver a un actor de la talla de Julito Martínez viviendo de manejar una rastra, de las incitaciones de Willy Chirino y otros a que se quedara, y de su rotunda negativa porque “yo no me tengo que ir de mi patria”, y de la invitación que les hizo de venir a cantar a Cuba aunque “les advertí que yo solo puedo ofrecer estos pequeños lugares_ señalando el patio del Museo_ que si querían la Plaza de la Revolución la pidieran ellos mismos”. Fueron de dos a tres horas las de este concierto y al “gordo” le costó trabajo despedir a un público que no lo dejaba terminar.

Y este fue solo el comienzo. Fue allí que comenzó mi persecución a Pedro. Y tal vez fue él uno de los que incidió en que me fuera aclimatando a la capital tomándole el gusto con aquellos fines de semana en que dejé de viajar a provincia. De sus conciertos y de expresar mi admiración por él surgieron amistades y relaciones, al punto de que la novia que llegó finalmente a convertirse en mi esposa había sido asidua a la Peña de la Bicicleta de la Casa de la Cultura de Alamar a la que asistía de vez en vez Pedro Luis, y uno de los mejores regalos que conservo de ella es una foto de dicha peña autografiada por “el gordo” y en cuyo texto se puede apreciar el sentido del humor que siempre transpira el cantautor.

Del resto de los conciertos recuerdo en especial dos de una jornada que le dejaron tener en una pequeña sala del Karl Marx. Allí fui dos noches seguidas, sábado y domingo. Él sábado asistí sólo, y el domingo, de tanta propaganda que le hice me acompañó un compañero de cuarto. El concierto del sábado fue muy sobrio, Pedro Luis estrenó algunas piezas instrumentales, faceta que muy pocos le conocen y en la que es un verdadero maestro, con ellas me deleitó muchísimo por su calidad y por la profunda cubanía que poseían. Algunos de sus fans le vitorearon pidiéndole como de costumbre algunas de sus canciones picantes, pero él se justificó con ellos diciendo que no quería meter en problemas al director del teatro, este le había invitado con la condición de que confiaba en su cordura, y además, era su amigo y él tenía que cuidar aquellos espacios que le estaban dando; esto para nada estropeó o redujo la calidad de su presentación. Sin embargo, el domingo sucedió algo curioso: o Pedro Luis se olvidó de su amigo, o su amigo le dio carta de libertad, o Pedro Luis le jugó una mala pasada aprovechando que era su última noche de aquella jornada, lo cierto es que cantó por aquella noche y por lo que no había cantado en las anteriores. Fueron muy divertidos estos dos conciertos tan disímiles como extraordinarios, muestras de la diversidad de una obra tan copiosa, donde lo mismo la seriedad que el humor demuestran ser hijos de un mismo padre que se esmeró en engendrarlos, y ninguno de los dos vale más que el otro.

Otra presentación que siempre recordaré por lo peculiar de sus circunstancias fue la de otra ocasión en Artes Decorativas. El cantautor solo había cantado dos melodías cuando se llevaron la electricidad. Sin embargo él y todos los fans permanecieron allí entre chistes y mosquitos hasta alrededor de las once de la noche cuando regresó la corriente y Pedro pudo terminar su concierto. Bien había anunciado recién llegado el apagón que no se irían hasta no terminar el concierto a la hora que fuese. Creo que aquel fue el concierto más largo que regalara Pedro Luis Ferrer, y tal vez el más lleno de chistes, de confesiones de amor y besos entre la espesa vegetación y la oscuridad de aquella noche en el patio de Artes Decorativas.

Cabe decir que de todos estos conciertos que he mencionado me las ingenié para enterarme por medio de la voz popular que siempre eleva a quienes le cantan, pues la totalidad de los medios, al menos hasta donde yo pude percibir, permaneció en silencio. Otras veces no corría la misma suerte y me enteraba cuando todo había pasado, lamentándolo muchísimo y en tales casos habría preferido no saber nada, no me cuentes nada más_, le rogaba al que venía con la noticia a mortificarme.

Sin embargo, la noticia del último de los conciertos de Pedro a que asistí si se corrió a los cuatro vientos y cerró con broche de oro una linda etapa de mi vida en aquella loca persecución al mejor cantor de poesía humorística que he conocido. Fue un miércoles de Trova sin trabas en 17 y H, la sede de la UNEAC. Todo el mundo, al menos en El Vedado, se enteró que aquel día como invitado especial estaba “el gordo”, y todo el Vedado acudió a la UNEAC copando totalmente el patio y aún las calles tras la cerca; a estos últimos que no tuvieron la suerte de entrar Pedro los tuvo muy en cuenta dirigiéndoles especialmente su pícara mirada y si mal no recuerdo hasta les dedicó una canción. Yo si pude entrar, y eso porque me junté con unos amigos trovadores que tenían relaciones allá adentro, de ellos recuerdo a Fernando Becker y a David Sirgado, este último trágicamente fallecido unos meses después en fatal accidente automovilístico cuando daba una gira por Europa. Así y todo tuve que abrirme pasos a empujones. Por el ambiente que se respiraba se percibía que aquel concierto iba a estar caliente.

Primero cantaron algunas canciones algunos jóvenes trovadores, incluyendo a un santiaguero que se hallaba de gira por La Habana, pero todo el mundo esperaba al “gordo”. Y así quedó demostrado cuando se dejó ver en público y entonces todo el mundo gritó, aplaudió, chifló y ovacionó como pudo por unos minutos, para luego hacer un verdadero silencio sepulcral no realizado antes aquella tarde hasta que Pedro abrió su boca para comenzar diciendo: Gracias por invitarme a esta … trova …… sin trabas_ emitiendo la sonrisa socarrona que ya le conocíamos muy bien para luego dedicar una nueva canción que traía a un tío mío_ introdujo_ que fue miembro de la UNEAC, y que por demás fue una sátira en que aprovechaba para sacarle las tiras del pellejo a la Unión, y por ahí comenzó y continuó cantando de lo más sarcástico e irónico que hubiese compuesto. La multitud cantaba a coro con él y le pedía lo que quería de un repertorio que se había ingeniado para conocer muy bien. Aquella tarde no quedó nadie sin complacer. Las risas multitudinarias que provocaba la mejor poesía humorística que se cantaba deben haber retumbado por todos los alrededores atrayendo todavía a más y más público. Pero Pedro tenía que terminar, ya se hacía de noche, y todavía habían dejado a un declamador para el final. Pobre artista este último, la multitud satisfecha ya, irreverente e indisciplinada comenzó a abandonar, bulliciosa y riendo todavía, los jardines chamuscados de la UNEAC como si todo hubiese terminado, porque si Pedro ya no estaba en el estrado ya no había razón de estar allí. Y el recitador, que para colmo inició con unas palabras introductorias si se quiere irónicas respecto a Pedro porque discrepaba con él; fue incluso burlado por los fans que quedaban todavía que le chiflaron y gritaron irrespetuosamente. En fin, fue aquella una Trova sin trabas que casi se traba de la que sin embargo salió Pedro Luis airoso, acogido y aclamado por un inmenso público que le admira y le sigue a dondequiera que él decida y le permitan hacer reír con su poesía criolla a flor de labios.

Si el prologo a toda esta historia me lo diera un cassette, el epílogo me lo dio otro, aunque no fuera tan prohibido como aquel. Ya era el año 2000 y hacía más de un año había regresado de la capital. No había podido realizar el sueño cubano de quedarme allá. Por si fuera poco, y por cuestiones económicas, en vez de ejercer mi carrera, tuve que dedicarme a labores artesanales. Ahora de Pedro solo me quedaba tararear sus melodías, cual si fuesen antiguas canciones de trabajo a la par de las máquinas que manipulaba. Un día llegó al Taller del Fondo de Bienes Culturales donde trabajaba una de esas vendedoras ambulantes de grabaciones en cassettes, vendía la mercancía que traía pero también aceptaba encargos. Para ponérsela bien difícil le pregunté si traía algo de Pedro Luis Ferrer. Por supuesto, nada. Sin embargo, me dijo, te puedo averiguar._ Lo que me consigas de él te lo compro_ le dije. Y así fue que a la semana siguiente se apareció con una copia en cassette del CD “Lo mejor de Pedro Luis Ferrer” editado por Bis Music. Y a pesar que solo contenía de las antiguas canciones del cantautor, o sea que para nada hacía honor al nombre que le escogieron al CD, no por la calidad indiscutible de las escogidas sino por lo peyorativo que resultaba para con las no escogidas, para mi fue de una alegría indescriptible tropezarme por fin con la edición de un CD que se suponía que desde el año 1995 ya estuviese en el mercado aunque por más que lo había buscado jamás lo había encontrado, el primero editado oficialmente en Cuba con música de Pedro Luis y que ahora conseguía gracias al prospero negocio del mercado pirata de la música en Cuba. Ya al menos no tuve que conformarme con mi pésima interpretación a capella de canciones de Pedro. Me deleité y a la vez “contaminé” con alegría el ambiente del Taller con “El son de Pepe Antonio”, “Rumbero”, “Mariposa”, “Espuma y arena”, “Mario Agüe” (Como en lo adelante me apodó Jerson Manuel, el alegre gerente de ventas que además daba nombre al Taller), “¿Por qué te fuiste Titina?”, “Ya no puedo quererte”, “Romance de la niña mala”, “La vaquita pijirigüa”, etc., provocando incluso que hasta otros se embullaran y compraran la música de Pedro.

Luego tuve noticias con su interpretación de “Más se perdió en Cuba” para las nuevas aventuras de Elpidio Valdés donde ya éramos amigos de los españoles. Supe de otro disco en que Pedro interpreta especialmente canciones de nuestro Martí bajo el título de Arpa soy, pero que hasta el momento de escribir estas anécdotas no he podido encontrar en parte alguna del suelo nacional por más que he buscado. Gracias a amigos de La Habana, también admiradores de Pedro, he seguido al tanto de sus conciertos a los que lamentablemente ya no puedo ir por las distancias que median. Por lo que oigo sigue siendo el mismo, o quizás, si fuera posible, aún mejor, y como siempre en esos pequeños sitios que se ingenia para conseguir y que siempre abarrota porque el público se entera no se sabe cómo, se mezclan desde el humor de sus chistes y canciones, hasta la seriedad solemne de un minuto de silencio dedicado a un amigo muerto más allá de las fronteras, que aunque pareciera ignorado por una cultura que un día hiciera brillar, jamás será olvidado por este gordo jacarandoso que además de nunca desconocer a los buenos amigos tiene en cuenta a aquellos que como él han tenido que batirse contra los embates del olvido aunque él haya decidido lidiar esa batalla desde aquí mismo.

Por último debo añadir en el epílogo de estas anécdotas donde ahora brilla “el gordo” por su ausencia, que recuerdo todavía con tristeza una noche del año 2000 en que Pedro regaló un concierto en el teatro “La Caridad” de Santa Clara pero al que lamentablemente no pude asistir porque donde vivo, a veces, como aquella noche, se hace más fácil ir a la luna que a nuestra cercana capital provincial. Pero no importa, se que mis historias sobre “el gordo” todavía no han terminado y que tal vez todo lo que he contado será solo el verdadero prologo de narraciones aún mayores en que Pedro sea un protagonista más radiado, televisado, discografiado, difundido y concertizado, como bien se lo merece, y por tanto, más accesible para todos los cubanos, de quienes en definitiva toda su obra es patrimonio y no solo para quienes, como yo en el pasado, se las ingenien para, al total margen de los medios, encontrarle en algún rinconcito de la ciudad. Tal vez incluso, después que Mario Agüe… le ha respondido su pregunta, ya no sean las confesiones de un fan cualquiera, sino el testimonio de un amigo personal e incondicional admirador del cubano reyoyo y jacarandoso que es Pedro Luis Ferrer.

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CELEBRACIONES RECUPERADAS

POR: YOAXIS MARCHECO SUÁREZ

Reconozco que ha sido la Iglesia Católica a través de su pontificado la que ha logrado en los últimos años algunos privilegios que han beneficiado no solo a sus fieles, sino a toda la cristiandad cubana y a todo el pueblo en general. Primero por la gestión realizada por el Papa Juan Pablo II, quien solicitó a las autoridades gubernamentales se concediera el día 25 de diciembre como feriado o festivo, por ser esta una de las fechas más marcadas para el cristianismo, la celebración de la navidad o del nacimiento de Cristo. El pedido fue concedido y después de décadas de pasar desapercibida para la sociedad cubana, una fecha que la cultura occidental en su totalidad ha adoptado como suya, se convirtió el 25 de diciembre en un día de descanso para creyentes y no creyentes en Cuba. Luego de muchas navidades en la oscuridad, de prohibiciones explícitas por parte del gobierno comunista y de ametrallar metafóricamente hablando la figura del árbol navideño y del legendario Papá Noel, “por ser símbolos del consumismo y de la demagogia capitalista y burguesa”, al punto de que Santa casi fue declarado el más burgués de todos los burgueses, comenzaron a retomarse estas festividades. Los árboles ahora brillan con sus manojos de guirnaldas de colores y de luces en establecimientos públicos, en mercados y en los hogares, y las ventas, sobre todo en las áreas recaudadoras de divisas, son elevadas en esta época de agasajos, así que después de haber estado silenciada durante tantos años, en el presente hasta el gobierno le saca buen partido desde el punto de vista económico. Todos se divierten o al menos tratan de hacerlo, aunque la inmensa mayoría carece de recursos monetarios para alcanzar los elevadísimos precios del mercado recaudador de divisas y muchos tienen que construir sus árboles de ramas secas porque es imposible adquirir los que se ofertan. Pero lo positivo es que la navidad salió de su escóndite dentro de los templos y ha tomado por asalto a todos los cubanos, insisto en que es importante que la iglesia aproveche este marco para recordar vez tras vez el verdadero sentido de esta festividad y a su único protagonista, el Dios encarnado, Jesucristo.

Un nuevo logro alcanzado, otra vez en el marco de una visita papal a Cuba, en esta ocasión Benedicto XVI, quien por pedido explícito ha logrado que las jerarquías políticas cubanas cedan el viernes santo como día feriado. Durante la Semana Santa o de la Pasión conmemoramos los otros acontecimientos más relevantes o de mayor significancia para el cristianismo: la muerte y la resurrección del Salvador, dos momentos que marcan nuestra fe y que la proyectan hacia la esperanza futura, porque la muerte de Jesús en la cruz del Gólgota cruel, nos ha redimido de pecado y de culpa ante Dios, y su resurrección, nos ha concedido de una vez y por todas la victoria sobre Satanás y sobre la muerte, garantizando para quienes hemos depositado en Cristo la confianza, una vida futura después de la muerte terrena, con durabilidad eterna. Este viernes de pasión ha sido el primero, al menos después del año 1959, declarado oficialmente como feriado y creo que ha sido acogido con beneplácito por la mayoría, sean o no católicos.

Aunque el reconocimiento nacional de estas dos celebraciones tan importantes para las iglesias (católicas o evangélicas) es indiscutiblemente un logro; aun son muchos los que nos faltan por obtener y que al parecer por el momento los gobernantes comunistas no están muy dispuestos a ceder. El mismo Papa Benedicto XVI tocó puntos de gran importancia como la devolución a la iglesia de sus espacios radiales (y por qué no televisivos), y de su derecho a la docencia, a la enseñanza, a tener su propia escuela, no solo seminarios teológicos para la formación de líderes y guías espirituales, sino también para impartir educación cristiana a nuestros hijos y a las nuevas generaciones de creyentes que vienen surgiendo. Como bien dijera el Papa, este es un derecho de la iglesia y yo argumento, no solo de la Iglesia Católica Romana, sino de todas las iglesias en Cuba. La enseñanza en las escuelas estatales no permite que los creyentes compartan sus ideas dentro de las aulas, no pueden portar públicamente biblias, ni literatura o tratados evangelísticos, los niños y jóvenes cristianos solo cuentan con el espacio que las iglesias les brindan en cultos dominicales de estudios bíblicos para aprender la Palabra y a su vez la ética y las normas que emanan de ella y por supuesto la guianza que ofrece la familia, en el caso de ser toda ella cristiana. La enseñanza estatal tiene un marcado corte ateo y disemina como ideología fundamental y casi obligatoria, las ideas del Marxismo desde la óptica del Castrismo. Es importante insistir en que se le devuelvan a las iglesias sus antiguos colegios donde además de las ciencias y las letras se impartía una educación fundada en los principios de nuestra fe. Ojalá que si esto que tanto añoramos se lograra algún día, no sea en un tiempo muy lejano y que no solo los católicos sean los beneficiados, sino que de la misma manera que la influencia papal en dos ocasiones ha obtenido logros como el reconocimiento de la navidad y el viernes santo para el beneficio de todos; la libertad de espacios para difundir la fe y enseñarla beneficie también a todos los creyentes del país, sin distinciones y a su vez a toda nuestra sociedad en general.

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NUESTRA CUOTA DE REPRESIÓN POR LA VISITA DE BENEDICTO XVI

La 103 Asamblea Anual de la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental, a la cual pertenezco, concluía el sábado 24 a las 6 de la tarde. Era el motivo por el cual mi esposa Yoaxis y yo nos encontrábamos en La Habana desde el lunes anterior, 19 de marzo, separados de nuestras dos niñas, y de las iglesias en las que trabajamos en el centro de la isla. Sin embargo las noticias que llegaban desde allá no eran muy halagüeñas como para que regresásemos. Por la visita de Benedicto XVI algo inconcebible se suscitaba a lo largo y ancho de Cuba: una verdadera cacería humana que atrapaba como delincuentes comunes y temibles terroristas a personas pacíficas sencillamente preocupadas por la deplorable situación de los derechos humanos en su nación. Amigos detenidos, familias enteras cercadas, teléfonos interrumpidos, personas desaparecidas; eran las noticias que nos llegaban, y era lo que realmente sucedía tras las bambalinas en contraposición del llamativo orden en las plazas donde el Papa oficiaría misa. Ante tal situación, y dando por hecho que algunas de estas variantes represivas, o varias a la vez, podían caer sobre nosotros, decidimos permanecer en la capital contra todo riesgo.

Nos planificamos un itinerario lo más variado posible que por un lado nos mantuviese moviéndonos constantemente, sin sitio fijo, y que por el otro nos brindase la posibilidad de realizar actividades provechosas en medio de un verdadero clandestinaje. Uno de los momentos más descollantes fue el servicio religioso en el que participamos en pleno malecón de La Habana con la iglesia callejera Alcance Victoria que como parte del ministerio internacional Victory Outreach rescata tesoros en medio de tanta oscuridad. En esta peregrinación muy nuestra, dando tiempo a que el Papa se marchase, e intentando sobrevivir sin ser capturados, el martes 27 al anochecer nos dirigimos a casa de un colega pastor que se esmeró en preparar una sabrosa cena que compartíamos animosamente en compañía de su familia, en su casa repleta de niños del barrio que se preparaban para lo que ellos llaman una noche de pillamada, ajenos por completo a la presencia de un Papa en Cuba. Como parte de nuestro riguroso cronograma no nos permitíamos permanecer más de tres horas en un mismo sitio y de casa de nuestros hermanos en la fe pensábamos trasladarnos hasta un punto no fijo en el malecón habanero desde el cual pretendíamos contemplar la presencia de la otra Cuba que también deseaba hacerse presente en medio de tanta euforia, la de la diáspora, a través de una nueva flotilla autodenominada Luces de Libertad, que como la otra realizada en diciembre en vísperas del Día Internacional de los Derechos Humanos, saludaría a través de fuegos artificiales a los cubanos secuestrados en esta isla calabozo.

Fue casi finalizando la cena cuando tocaron a la puerta del apartamento en el que nos encontrábamos. Era la Seguridad del Estado, a través de dos de sus agentes, que nos habían localizado y se presentaban con la prohibición explícita, a mi esposa y a mí, de participar al día siguiente en la misa que Benedicto XVI oficiaría en la Plaza de la Revolución. Les explicamos que nuestra presencia en La Habana tras concluir la 103 Asamblea Anual de la Convención Bautista no se debía principalmente a nuestro deseo de participar en dicha misa, sino a evitar esta represión que ahora finalmente acá también se hacía presente. Evidentemente la orden que traían los agentes era la de detenernos a los dos, como hicieron con centenares. El hermano que nos acogía y su familia, aglutinados todos en la puerta, evitaron la detención expresando a los agentes que ellos estaban en la mejor disposición de brindarnos su casa para pasar la noche y de ver juntos al día siguiente la misa por televisión. Los agentes, un poco perturbados por este ambiente de paz y concordia que a las claras se observaba, y que ellos de cierta manera habían interrumpido, nos dijeron que en lo que de ellos dependía no había problemas pero que debían consultar a las instancias superiores. Pidiéndome que les acompañase a solas hasta la escalera del edificio, lo cual hice sin resistirme, dispuesto al arresto ordenado, el único de los dos agentes que todo el tiempo hizo uso de la palabra me dejó un momento a solas bajo la custodia del otro y realizó una llamada, supongo que al mando central del operativo, y tras recibir confirmación me expresó que aceptaban mi presencia en aquella casa de la cual no podría moverme mientras mantuvieran la vigilancia. Fue así como pasamos una divertida noche de pillamada en casa de nuestros amados hermanos en la fe mientras los agentes permanecían de vigilancia, no puedo contabilizar cuantos eran en total, pero sí afirmar que eran muchos más que los dos agentes que dieron la cara. Algo que nos llamó poderosamente la atención es que el tipo de transporte que utilizaron poseía matricula privada y que incluyó como mínimo dos autos modernos color blanco uno y verde oscuro el otro, más una moto suzuki, la cual no podía faltar.

Nuestra cuota de represión por la visita de Benedicto XVI, a pesar de todo, no fue de las más altas. Justo antes de regresar de La Habana un grupo ínfimo de todos los reprimidos nos reunimos en casa del joven cineasta independiente Ismael de Diego, nieto del grande de las letras cubanas Eliseo Diego, quien también fue víctima, y allí nos enteramos de infinidad de desmanes de todo tipo, aún teniendo en cuenta de que quienes nos reuníamos esa tarde de jueves 29 constituíamos los más afortunados, como lo demostraba el hecho de haber podido llegar hasta allí, aún con nuestros teléfonos incomunicados. La inmensa mayoría de los excluidos y repudiados se encontraban distantes y maniatados en provincias como la nuestra, donde comúnmente la represión suele ser mayor e impune. Como resultado de nuestra reunión coincidimos en un documento de denuncia que firmamos y entregamos en la Nunciatura Apostólica por vía del sacerdote católico José Conrado, presente entre nosotros, con móvil interrumpido también, quien nos dedicó palabras que expresaron su profundo lamento por lo que nos sucedió a todos en el marco de la visita papal.

Si algo puso de manifiesto la visita a Cuba de Benedicto XVI fue la brutal represión que dentro de Cuba, y muy alarmantemente parece que para muchos en el mundo también, es vista ya como fenómeno normal y tolerable, muy propio de un Sistema considerado infuncionable hasta por sus propios actores, pero al cual no obstante es concedido reconocimiento y beneplácito. Esta vez el exagerado operativo, coincidente con el cincuenta y tres aniversario de los órganos represivos de la Seguridad del Estado, ha sido bautizado como Voto de Silencio, e indudablemente constituye el mayor ejercicio de este tipo que haya tenido lugar desde la Primavera Negra de 2003, y muchos lo intuyen solo como el preámbulo de represiones futuras tras las cuales muy bien pudiera ser, a diferencia de esta, que las víctimas nunca vuelvan a reencontrarse. Oremos y trabajemos para evitar que se produzca en Cuba un posible baño de sangre tan propio de regímenes decadentes como este. Una transición pacífica hacia una auténtica democracia, por perfectible que esta sea, constituye cuestión de sobrevivencia para muchos en medio de una peligrosa impunidad creciente.

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Rescatando tesoros de la oscuridad

Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Como techo el cielo despejado y un sol casi calcinante, como paredes los muros del Malecón habanero, los viejos edificios de la antigua Habana, el Morro y las turbias aguas de la Bahía, un paisaje que aunque desgastado, aun luce hermoso. Todo esto forma el templo de la iglesia Alcance Victoria, que más que un nombre, es una invitación a aceptar al Cristo que redime, que libera de toda carga de pecado y de angustia.
Organizada hace unos diez años atrás y con una membresía de más de un centenar de personas, Alcance Victoria dirige su trabajo evangelístico a la población joven habanera, sacando del desperdicio social a muchos tesoros que la corrupta sociedad cubana actual ha envuelto en lodo. Muchos transforman su vida gracias al empeño de estos hermanos que llevan la luz de la Palabra de Dios a los sitios más oscuros de la triste y lúgubre capital de los cubanos.
Hace algunos años las autoridades de la ciudad hicieron un llamado de urgencia a las iglesias, solicitando la colaboración de estas en la lucha contra la delincuencia, la corrupción y el vicio, males que golpean fuertemente sobre todo a la población de menos edad. Aunque esta iglesia responde por su enfoque a este llamado no ha recibido hasta el momento el apoyo del gobierno local, ni nacional. Incesantemente han solicitado a estas entidades un espacio para erigir el templo, la respuesta a sus solicitudes ha sido una constante negativa.
El empeño amoroso tanto del pastor Abel Pérez Hernández, miembro del Departamento Ministerial de la Convención Bautista de Cuba Occidental y de los ya alcanzados que forman el cuerpo de esta creciente iglesia, va a proseguir. Ellos están decididos a ocupar el espacio que los gobernantes humanos quieren negarles. Si no hay paredes, la ciudad y sus muros seguirán sirviendo de tales, el cielo seguirá siendo su techo, ya sea que esté despejado o lluvioso y el Morro será testigo de la hermosa alabanza de los hijos de Dios.
Yo sugiero a la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos que no demore más esta simple gestión de designar un local para la edificación de este templo, hay muchos sitios en La Habana al borde del desplome, estos hermanos tienen los recursos tanto materiales como humanos para construir y así de paso mejorar la estética urbana tan deplorable en gran parte de la ciudad y que el gobierno no puede asumir. ¿Acaso no hay libertad de culto y creencia en Cuba?
Por último sugiero a la directiva de nuestra Convención participar y apoyar a esta iglesia que trabaja para ganar almas para el Reino de Dios, que solicite sin descanso a las autoridades lo que ellos están demandando, nada más justo, ni con más derecho. Me conmovió ver a tantos niños pequeños bajo el sol y el calor sofocantes. Como hermanos de ellos, creyentes en el mismo Dios debemos mostrar nuestra solidaridad. Alcance Victoria necesita y merece tener su templo, aunque esto no sea ni vaya a ser impedimento para que continúen rescatando tesoros de la oscuridad.

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Lo que espero de Benedicto XVI

Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Las declaraciones hechas a la prensa internacional por el Papa Benedicto XVI, esperado visitante que pisa nuestro suelo cubano desde hace apenas unas horas, subieron un poco mis niveles de esperanza con respecto a lo que el líder político y religioso puede hacer con su incidencia por nuestro país. No es que espere que su presencia entre nosotros vaya a cambiar el curso de la historia, pero al menos sí contribuir con la verdad de nuestra realidad.
Espero un poco más del máximo representante de la Iglesia Católica Romana, no un discurso político, pero sí el reclamo directo a los gobernantes cubanos de respetar los derechos humanos y civiles tan vejados en Cuba. En la tarde de ayer, en Santiago de Cuba, tanto el arzobispo Dionisio García Ibañez como el Papa hicieron alusión a la intolerancia y un llamado a la comprensión y reconciliación de los cubanos, pero es necesario advertir, que reconciliación es respeto, es silencio y oído ante la voz diferente, es convivir en paz sin tener que dar cuentas al poder por nuestra ideología o pensamiento políticos.
Espero del Papa que mencione el hecho triste y vergonzoso de que muchos cubanos y cubanas, entre ellos católicos practicantes y reconocidos como el laico Dagoberto Valdés no podrán participar de ninguna de sus misas porque permanecen represaliados y detenidos en sus casas o tras calabozos, con sus móviles silenciados y sin medio de comunicación alguno.
Que la mentira de este régimen totalitario y nefasto quede a la luz ante el pueblo cubano y ante el mundo debería ser parte importante de la agenda papal. Que se le haga justicia a los marginados políticos, a las voces que se alzan contrarias a la dictadura y a los cubanos que dentro y fuera del país promueven los derechos de nuestra raza humana, es esencial. Como cristiana evangélica y protestante, sé que la voz de Dios es mi voz porque me he apropiado de ella y la voz de Dios es la de los humildes, los pobres, los desprotegidos, es a ellos a quienes debo defender, soy parte de ellos. Espero que Benedicto XVI también lo haga en esta oportunidad y que pida, sin sutilezas, ni ambigüedades que cesen los actos de repudio, el atropello a los disidentes, las detenciones arbitrarias, el irrespeto a las ideas y que deje bien claro, que una Cuba con todos y para el bien de todos, sería una Cuba incluyente y no lo contrario.
Dios no es propiedad privada de los revolucionarios, El sí es de todos y para el beneficio de todos. Espero entonces que Benedicto XVI no deje de plantear esa verdad y que su voz pueda impactar a la nación con su fuerte convocatoria a la concordia, el amor, la reconciliación y la unidad entre todos los nacidos en la isla. Ya de hecho coincido plenamente con él en la necesidad de “construir una sociedad abierta y renovada” que se interese por “las legítimas aspiraciones de todos los cubanos donde quiera que se encuentren”.

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A PROPOSITO DE LA NUEVA FLOTILLA QUE HOY VIENE A SALUDARNOS

A PROPOSITO DE LA NUEVA FLOTILLA QUE HOY VUELVE A SALUDARNOS:

Esto me lo ha regalado para el blog un colega pastor que se identifica como Miqueas de Roca:

“Yo no uso los cables eléctricos para eso…”

Esta historia también me la contó un buen amigo, que aunque no es pastor, es un sencillo, pero fiel cristiano, de una de esas heroicas congregaciones cubanas.

Como casi todo el mundo sabe, a excepción, ¡claro está! de la mayoría de los “cubanos de a pie”, el 9 de octubre de 2011, víspera del Día Internacional de los Derechos Humanos, zarpó de las costas de Miami una flotilla de yates, de algunos de los que vivimos acá, en el lado norte del Estrecho de la Florida, con los simples propósitos de mostrar un poco de solidaridad con nuestros compatriotas, que viven al sur del Estrecho, en la Isla secuestrada y violada por los “gemelos del terror”; y el de saludar tan importante y relevante “Día.”

Pero, parece que a los hermanitos no solo les molestan los aviones, también los barcos les preocupan, ya sean los que salen en busca de libertad (¿recuerdan el remolcador “13 de marzo” o la masacre del Río Canimar?), sino también los que provienen de la libertad. ¿Creerán los “gemelos…” que solo ellos tienen derecho a subirse a un barco y a luchar por la libertad?

Pues bien, ellos (los “gemelos…” ¡claro!) orquestaron una interesante campaña dentro de la Isla en la que sus agentes de barrio comenzaron a animar a los jóvenes a ir al Malecón habanero y lanzarse al mar para encontrar nuestros barcos que los llevarían sanos y salvos a las añoradas costas norteamericanas.

A la vez, los agentes oficiales, esos que visten trajes verdes a la moda de las dictaduras de los ’50 comenzaron a visitar algunos centros de trabajo, orientando a los obreros a ir al malecón habanero después de la jornada laboral a combatir esta nueva “grosera agresión imperialista” y para ello les entregaron a los hombres unos pedazos de gruesos cables eléctricos de unas 30 pulgadas de largo para que golpearan a toda persona que vieran con intenciones de lanzarse al mar. Entonces, mi amigo, uno de esos hombres dignos que aun quedan en Cuba, respondió a los agentes: “yo soy electricista y, por supuesto, uso cables eléctricos, pero no para eso.”

Y así siguen las cosas, en el siglo XXI, en la isla de los Castro.

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