LA UNION Y EL OSTRACISMO

El pasado 23 de febrero los medios informativos oficiales del país dieron a conocer la reunión efectuada entre miembros del Comité Central y el Gobierno con los principales líderes de denominaciones religiosas y organizaciones fraternales, este suceso fue bien difundido y además concluido con la frase de Esteban Lazo donde dejaba clara la unidad existente entre la jerarquía gubernamental con la eclesial. Es bueno saber que ellos están unidos, como también resulta bueno saber que se cuidan los intereses mutuamente.

En un excelente post escrito por el presbítero Mario F. Lleonart el autor expresa la evidente hipocresía que impera en estas reuniones, así como la doble moral, defecto de nuestra sociedad que lamentablemente también ha permeado nuestras iglesias. Una unidad que solo salvaguarda la deteriorada imagen del régimen cubano con respecto a las diferentes religiones y afianza su dominio sobre ellas y a la vez asegura el desarrollo sin trabas de algunas metas trazadas por las instituciones religiosas, tales como, permiso para viajar al exterior, construcción o reparación de templos, legalización de iglesias, concesión de visas religiosas a extranjeros, adquisición de automóviles y algunas otras.

Mientras releo la nota aparecida en el Granma sobre este suceso y algunos artículos publicados en internet, entre ellos el ya citado del pastor Mario F., comparo las diferentes posiciones y reflexiono en mi experiencia que es la de alguien que jamás estará incluida en esa estrecha relación Iglesia-Estado tan sutilmente lograda por el régimen cubano. La otra cara de la moneda parece oscura y luce solitaria y es que para quienes no brindamos al poder una sonrisa cómplice nos espera todo lo contrario a lo que los jefes religiosos logran con su coqueteo. Confieso que desconocía el significado del término ostracismo hasta ahora que sufro en carne propia los resultados de esta estrategia que los órganos de la Seguridad del Estado en Cuba aplican con mucha eficacia, es duro sobrevivir a la prueba del aislamiento, a la soledad, es todo un desafío mantener firme un ideal en medio del rechazo de muchos de los que nos rodean.

La política del ostracismo es la actual medida que la Seguridad del Estado aplica contra mi esposo, mi familia y la comunidad de fieles que pastoreamos. Los logros son evidentes, lo percibimos en una iglesia vecina de otra denominación que no hace tanto trabajaba hombro con hombro junto a nosotros en beneficio del evangelio y que en el presente ha roto toda relación, como si fuéramos apestados, algo peor que leprosos, no puedo olvidar que Jesús besó a los leprosos, a los marginados de su tiempo, a los de más baja condición, a ninguno rechazó, cuanto más a quienes al aceptarle se ganaban la condición de ser llamados hijos de Dios. Supimos también del temor infundido por parte de un colega pastor a un posible donante para la reparación del techo de nuestro templo, desviando su deseo de cooperar con la restauración, dejándole ver que su ayuda al pastor Lleonart dificultaría en gran manera su entrada a la isla en un futuro, cosa no menos cierta, porque tal y como dicen muchos, el pastor Mario está marcado y cualquier vínculo con él es perjudicial para la realización de planes y proyectos que necesiten el visto bueno del Estado. Las presiones de la Policía Política han incidido también en el grupo de Alcohólicos Anónimos de la localidad, que por años fue acogido en los locales de nuestra iglesia apoyados por el pastor Mario F. a quien ellos califican como un triple A, aunque este grupo tiene en sus preceptos no participar de controversias políticas, ha salido de nuestras instalaciones adoptando así una posición en favor de un régimen que paradójicamente aun no reconoce legalmente a su organización. Las campañas en nuestra contra se ven reflejadas además en la imposibilidad de participar en el Retiro espiritual Tres Días con Cristo No. 8, al que habíamos asistido en anteriores oportunidades en La Habana, pero al que este año se impuso la condición para recibir el permiso de su celebración, de nuestra no asistencia. Una hermana de la iglesia nos reporta que a un encuentro de damas en el que había participado años antes, a celebrarse a fines del presente mes en el campamento Canaán (Miller, Placetas), se le ha dicho que esta vez no puede asistir por su pertenencia a nuestra congregación. Así las cosas, vamos siendo llevados a la soledad fría y lamentable, muchos, aun siendo evangélicos ya nos han excomulgado y los que aun permanecen junto a nosotros, son amenazados todo el tiempo, es dura la prueba del aislamiento, solo la fuerza que Dios infunde puede ayudar a soportarlo.

Así en medio de una iglesia cada vez más unida al régimen, marchar contracorriente es difícil, pero las alentadoras promesas bíblicas me reconfortan: aunque tu madre y tu padre te dejasen con todo yo estaré contigo, con esta premisa, no hay ostracismo, ni sentimiento de soledad que nos abrume.

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