Palabras del P. José Conrado en respuesta al Premio Patmos recibido en su 2da edición el 31 de octubre de 2015 en el templo de la Iglesia Bautista Eben Ezer en el poblado de Taguayabón, en Villa Clara, Cuba:

P. Jose Conrado en su discurso de agradecimientoSi cuando yo era adolescente en la Parroquia de San Luis me hubieran dicho que un día iba a estar en una iglesia bautista recibiendo un premio, y que me lo daban mis hermanos en la fe, la verdad es que me hubiera sorprendido un poco. Pero entonces no habíamos tenido el Concilio Vaticano II que ha sido tan importante para la Iglesia, y personalmente también para mí, aunque era un niño cuando se realizó esta extraordinaria reunión entre los obispos católicos en el Vaticano, II Vaticano, por segunda vez en el Vaticano. En aquellos tiempos no nos llevábamos tan bien (Risas).

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OTRO PAPA, OTRA CUBA, Y OTRA IGLESIA

El escenario es otro. El visitante también.

Cuando el Papa polaco, Juan Pablo II, Karol Wojtyla, visitó Cuba en 1998 encontró a Monseñor Pedro Claro Meurice Estíu como arzobispo en Santiago de Cuba, y en él, la voz cubana que más alto se alzó entre quienes tuvieron tal posibilidad. El Papa del ”Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, fue saludado al menos por ”el león de Oriente” con la descripción más real de Cuba que se pudo hacer: la de un pueblo que ”necesita aprender a desmitificar los falsos mesianismos”, la de ”un número creciente de cubanos que han confundido la patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología”, la que ”vive aquí y vive en la diáspora”, la del cubano que ”sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá afuera”.

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