LAS MISIONES DEL CARDENAL

Por cuanto lo hicisteis a uno de estos pequeñitos a mí lo hicisteis. Mateo 25.40

En aquellos años de las UMAP, cuando el señor Jaime Ortega era uno más en los campos de concentración, nadie habría sido capaz de imaginar que las últimas pero más importantes misiones de esto que todavía algunos llaman Revolución las llevaría a cabo precisamente él.

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MI OPINIÓN, por: YOAXIS MARCHECO SUÁREZ

 El tema más latente por estos días referido a la realidad cubana es la próxima visita del Papa Benedicto XVI. La prensa oficial ha dejado en claro sus pronósticos, por supuesto favorables para el régimen, y que el máximo representante de la iglesia católico-romana viene en calidad de invitado, no solo de sus fieles, sino también del gobierno. Por otro lado la oposición interna y externa realiza también sus especulaciones y centra un tanto sus esperanzas en la venida del líder católico, para resolver, sino todos, al menos algunos de los males que golpean al país. El protagonismo de la esperada visita se ha perdido un tanto en estos momentos en que trece opositores ocuparon un templo católico decidíos a permanecer en este lugar con el objetivo de hacer llegar a Benedicto XVI sus demandas y reclamos. Este acontecimiento acaparó la atención de muchos y los ocupantes recibieron el apoyo de unos cuantos y críticas desfavorables por parte de otros. Al final su intención no será ejecutada porque el liderazgo eclesial solicitó el apoyo de las “autoridades” y estas lograron retirar al grupo de opositores atrincherados en el interior de la Basílica de La Habana.

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OTRO PAPA, OTRA CUBA, Y OTRA IGLESIA

El escenario es otro. El visitante también.

Cuando el Papa polaco, Juan Pablo II, Karol Wojtyla, visitó Cuba en 1998 encontró a Monseñor Pedro Claro Meurice Estíu como arzobispo en Santiago de Cuba, y en él, la voz cubana que más alto se alzó entre quienes tuvieron tal posibilidad. El Papa del ”Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, fue saludado al menos por ”el león de Oriente” con la descripción más real de Cuba que se pudo hacer: la de un pueblo que ”necesita aprender a desmitificar los falsos mesianismos”, la de ”un número creciente de cubanos que han confundido la patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología”, la que ”vive aquí y vive en la diáspora”, la del cubano que ”sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá afuera”.

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