¡LOS CERDOS SIEMPRE SERAN CERDOS!

El niño de la iglesia que esperaba su juguete que fue tomado como un drone con el correspondiente decomiso. Sin parque y sin avión.

El niño de la iglesia que esperaba su juguete que fue tomado como un drone con el correspondiente decomiso. Sin parque y sin avión.

El perro vuelve a su vomito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. (2 Pedro 2.22)

Los cerdos se comen a las rosas (Telegrama de Samuel Feijoo a Raul Roa)

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Pregunta 12 de 30: ¿Por qué no devuelve al Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia a grupos religiosos a los que declaró ilegal, como el notorio caso de los Testigos de Jehová?

Volumen Anónimo de 274 paginas publicado en mayo de 1977 por la editora cultura Popular y distribuido masivamente en Cuba atacando a los Testigos de Jehová

Volumen Anónimo de 274 paginas publicado en mayo de 1977 por la editora cultura Popular y distribuido masivamente en Cuba atacando a los Testigos de Jehová

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Libelo del Comité Central del Partido Comunista de Cuba de mayo de 1974 declarando la proscripcion todavia no levantada a los Testigos de Jehova

Libelo del Comité Central del Partido Comunista de Cuba de mayo de 1974 declarando la proscripcion todavia no levantada a los Testigos de Jehova

A Marcos Pareja, Testigo de Jehová cubano que murió en prisión por falta de la debida atención médica y a su madre Ofelia, también en aquel momento prisionera y que hoy anciana vive como refugiada en Naples, Florida. Algún día tendremos un Anuario de la Watch Tower dedicado a Cuba donde historias como estas salgan a la luz.

Treinta preguntas (http://cubanoconfesante.com/?p=733) que presentamos el año pasado en Washington cuestionando las supuestas libertades religiosas en Cuba invitados por Solidaridad Cristiana Mundial (CSW) ponen de ejemplo en la número doce la intransigencia del régimen en Cuba en el caso específico del grupo religioso conocido como los ¨Testigos de Jehová¨.

Este año la Watch Tower Bible and Tract Society de Pensilvania puso en circulación a nivel mundial su libro “El Reino de Dios ya está gobernando”, a propósito de que según las creencias de los Testigos de Jehová se ha conmemorado el centenario de la entronización de Cristo en los cielos. Cuba, aunque no se le mencione ni una vez en tal volumen, no ha sido la excepción en la divulgación de este libro que realiza un balance del innegable crecimiento de esta organización durante todo un siglo a nivel global. He leído la monografía y no he podido evadir la tentación de preguntarme cómo se sentirá cualquier Testigo de Jehová cubano que lea acerca de cómo sus hermanos en el mundo utilizan métodos innovadores para realizar su labor proselitista que están vedados para ellos tales como: artículos en periódicos, marchas con pancartas, presentaciones audiovisuales, gramófonos, la radio e incluso internet. Trataba de ponerme en el lugar de estos creyentes que ni siquiera poseen la simple libertad de identificar los exteriores de sus locales ilegales con los nombres de “Salón del Reino” o “Salón de Asamblea”.

El sumun de mi meditación tuvo lugar al llegar al capítulo 13: “Los mensajeros del Reino acuden a los tribunales” y al 14 dedicado por completo a su lucha por sus libertades religiosas en el mundo. Cómo reaccionarán mis paisanos Testigos de Jehová cuando lean que sus hermanos alrededor del mundo no se quedan de brazos cruzados ante las violaciones o amenazas a sus prácticas. En reiterados casos se narra la apelación de esta organización al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Respecto a Rusia por ejemplo se relata cómo se acudió a tal instancia en 2001 y en 2004 para lograr en 2010 el dictado en su favor y la condena a la proscripción de la que eran objeto según se dictaminó por motivo de intolerancia religiosa, si bien el fallo del Tribunal Europeo no ha sido acatado por diversas autoridades rusas. En Francia ante violaciones que tuvieron lugar protestaron enérgicamente y terminaron llevando el caso también al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 2005 para conseguir fallo definitivo en su favor el 30 de junio de 2011 en el cual se afirma que el derecho a la libertad religiosa debe impedir que el Estado determine la legitimidad de las creencias religiosas o la forma de expresarlas; a diferencia de Rusia el gobierno francés devolvió con intereses los injustos impuestos cobrados a la asociación y se adhirió al cumplimiento de lo dictaminado por el Tribunal.

Los desmanes contra las libertades religiosas cometidos en las décadas del ’60 y el ’70 llegaron a extremos en Cuba contra los miembros o simpatizantes de este particular grupo religioso. Además de los consabidos campos de concentración eufemísticamente denominados “Unidades Militares de Apoyo a la Producción” donde los Testigos sufrieron una de las más altas cuotas, y de las marginaciones de todo tipo, este grupo tiene la exclusividad de haber recibido un ataque mediante la distribución masiva a nivel nacional por parte del Estado de un libro anónimo de 274 páginas, ¨La Verdad sobre la secta Testigos de Jehovᨠpublicado en mayo de 1977 por la editora Cultura Popular que les denigraba sin derecho a réplica. Dos años antes, en 1974, ya el Comité Central del Partido Comunista de Cuba había hecho circular un libelo declarando la proscripción todavía no levantada hoy a los Testigos de Jehová. Quienes aún ocupan el poder político en Cuba son los mismos que con total impunidad cometieron aquellas violaciones, pero no solo no han reconocido ni mucho menos purgado su culpabilidad sino que mantienen la proscripción decretada en 1974, si bien les conceden algunas migajas a modo de premios por su falta de compromisos con la vida política que hoy constituye el modelo ideal que el Estado solicita a todas las agrupaciones religiosas; en este sentido la propia Caridad Diego Bello, Jefa de Atención a los Asuntos Religiosos les pone de ejemplo en algunas de sus encuentros sostenidos, como en el del verano pasado con profesores de la Universidad Central de Las Villas.

Aunque constituyen uno de los casos más notorios los Testigos de Jehová no son el único grupo que en el pasado gozó de los privilegios del reconocimiento del Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia y que luego fue proscrito sin habérsele devuelto hasta el momento su carácter legal. Las iglesias bautistas “Misión Bereana”, llegadas a Cuba desde 1946 fueron sometidas en los ’60 al total despojo de propiedades hasta que en 1976 les retiraron su carácter legal considerándoles ya totalmente extinguidas como consecuencia de tanta agresión. Pero aunque pasados los años muchos de sus feligreses, que habían estado refugiados en iglesias con las que fue más difícil acabar, se reagruparon bajo la dirección de su líder Daniel Josué Pérez Naranjo, hijo de uno de los fundadores, solicitaron la renovación de su legalidad en la lista del Registro en los ‘90 solo recibieron como respuesta la segunda oleada de expropiaciones y desalojos en el 2000, ocho años después del vitoreado cambio constitucional que declaraba que el Estado dejaba de ser confesionalmente ateo y se proclamaba laico para confirmar que el tal estado laico solo existe en la letra constitucional pero realmente se le niega con la práctica. En junio de 2014 la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos ratificó la negativa a devolverles a la lista y añadido a ello se les amenazó con nuevos desalojos si continuaban empecinados en sus reuniones ilícitas.

En un contexto así resulta bochornoso que ciertos líderes religiosos, ignorando los hechos y desdeñando el derecho que poseen otros aun cuando profesen credos diferentes, se presten para auxiliar a un régimen a todas luces violador de las libertades, como sucede reiteradamente con representantes del Servicio Mundial de Iglesias y el Consejo de Iglesias de Cuba quienes no se hacen ningún favor con un comportamiento tan servil del cual Dios y la Historia toman nota.

Repaso a las «Treinta preguntas sobre libertad religiosa en Cuba»: Pregunta 4. ¿Por qué ni siquiera ha pedido perdón por los encarcelados, por los internados en campos de concentración conocidos como las UMAP o incluso asesinados por sustentar ideologías diferentes?

En iglesia bautista ¨Estrella de Belén¨ en homenaje a Eva Barbas, madre de Pablo Morales. Junto a mí Nancy Morales. Cerca de nosotros el pastor de la iglesia Javier Sotolongo

En iglesia bautista ¨Estrella de Belén¨ en homenaje a Eva Barbas, madre de Pablo Morales. Junto a mí Nancy Morales. Cerca de nosotros el pastor de la iglesia Javier Sotolongo

Por Mario Félix Lleonart

Este 24 de febrero se cumplieron 18 años de otro de los crímenes del régimen. Cuatro vidas del grupo humanitario, que tantas vidas salvó en el estrecho de la Florida, ¨Hermanos al rescate¨, fueron cobradas cuando aviones MiG de las Fuerzas Armadas Cubanas pulverizaron dos avionetas Cessna, usadas por la aviación civil norteamericana, y a pesar de conocerse que no poseían ningún tipo de armas. Armando Alejandre, Mario de la Peña, Carlos Costa y Pablo Morales fueron esa vez las víctimas fatales que se sumaron a una larga lista lamentablemente aún no cerrada.

Durante nuestro viaje con las treinta preguntas que cuestionan las supuestas libertades religiosas en Cuba tuvimos la oportunidad inolvidable de participar en un servicio religioso en honor a Eva Barbas, quien había fallecido hacía unos días, madre de Pablito, una de las cuatro víctimas. El asesinato del hijo fue el epilogo de la vida de esta madre quien hasta su último halito vivió dedicada a condenarlo. El joven era miembro de la iglesia bautista ¨Estrella de Belén¨ y en ella se hubiese casado unos días después de su muerte, como estaba previsto, si aquel día no lo hubiesen matado. Sus convicciones evangélicas lo lanzaron a esa hermosa obra de salvar vidas en el mar y el pago fue la muerte. Como parte de la ceremonia en honor a su madre que tuvo lugar en esa misma iglesia se me invitó a tener unas palabras y mi voz se entrecortó como pocas veces me sucede. Su hermana Nancy subió al pulpito junto a mí para animarme a continuar. Aquel 24 de febrero de 1996 yo era un joven más de la Cuba profunda, ajeno a que quienes supuestamente se dedicaban a proteger nuestro espacio aéreo eran capaces de realizar acciones tan cobardes como estas, cumpliendo con sadismo órdenes del más alto mando.

La historia de la Revolución que Rolando Rodríguez García, homenajeado en la presente Feria del Libro ha descrito tan bien como una ¨aplanadora¨ ha sido una sucesión de crímenes como estos. El grito ¨ ¡Viva Cristo Rey¨! de los fusilados en la tétrica década del ´60, algunos de ellos casi niños, continua siendo un vivo clamor que Dios no ha desoído. A pesar de tantos injustamente encarcelados, de los horrores que se intentan ocultar infringidos en los campos de concentración conocidos como las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), o de tantos asesinatos como el de Pablito; los responsables aún continúan ¨gobernando¨ como si nada y encima de ello, como se evidenció en las hipócritas palabras de uno de los principales responsables, el general Raúl Castro, en la ceremonia que tuvo lugar en Sudáfrica por la muerte de Mandela , pretenden hacer creer al mundo que son garantes de respeto y de dialogo en medio de las diferencias. Pero su aceptación o no de tales crímenes les inhabilita de cualquier manera para representar ante el mundo a cualquier país. Y el mundo no debía darles reconocimiento a quienes son sencillamente eso: criminales. 

 

Por mis venas corre jugo de naranja

naranjas y naranjasNi yo mismo comprendo hasta donde incidieron para el resto de mi vida esos casi ocho meses, del 30 de noviembre de 1993 al 28 de julio de 1994, cuando fui usado como mano de obra barata y segura, expuesto a trabajos forzados en las zafras del cítrico para reportar cuantiosos beneficios económicos al régimen cubano y al  Grupo B.M. y Waknine & Berezovsky Co. Ltd. Ahora al paso de los años entiendo que era un capítulo que Dios tenía para mí. Las experiencias allí vividas tienen que ver mucho más allá de lo que imagino con todo cuanto desde entonces he sido y he hecho.

El amigo Omar López Montenegro a quien conocí el pasado junio en mi viaje a Polonia  narra con emoción una experiencia suya en el famoso Preuniversitario de la Víbora, sitio inmortalizado también gracias a otro de sus egresados, el escritor Leonardo Padura Fuentes, quien convirtió este mítico lugar en el origen de las zagas para su personaje policíaco Mario Conde. La resistencia noviolenta pero mancomunada de Omar y otros amigos impidió que unos cancerberos lograran cortarles sus cabellos largos en una época de movilización en el campo. Yo viví algo similar en el Boom 400 del EJT y por encima de todos los desmanes vividos esto me acompañará para siempre.

Tras andar y desandar tres meses entre los campos de concentración contiguos a los poblados de Torrientes y San José de Marcos se nos hizo regresar al de Socorro en Pedro Betancourt. Supuestamente desde este Boom 400 que era nuestro campamento original debían habernos llegado los avituallamientos que se nos asignaban pero nada recibimos durante aquellos tres meses en que anduvimos deambulando en una supuesta misión cuyas altas metas de trabajo jamás cumplimos. Durante aquellos tres meses no tuvimos siquiera un pase para ir a nuestras casas. Dábamos lástima. Nuestra ropa estaba sucia y andrajosa a más no poder. La mayoría andábamos descalzos, unos pocos con unas botas rotas. Uno de los generales Acebedos anduvo de inspecciones por allí y nos llamó «los descamisados», y un relajado capitán en el campamento junto a Torrientes, parece que movido por la compasión nos dijo señalándonos su inmensa panza: «No se desanimen muchachos, esta barriga la eché yo en el ejército».

De regreso a nuestro campamento de origen teníamos la esperanza de que las cosas cambiasen pero al llegar nos encontramos a un nuevo jefe de unidad: un capitán de la Marina que castigaron enviando al EJT. Ya me había dado cuenta de esta otra característica de este ejército invicto: era el sitio de castigo para oficiales del MININT, las FAR y hasta de la Marina. El recibimiento del oficial para nosotros fue informarnos que acabábamos de llegar al Boom 400 y que todo lo que exigíamos teníamos que ganárnoslo. La respuesta adicional a nuestras inquietudes fue la entrega de  inmensos machetes chinos amellados y tras un miserable almuerzo se nos hizo ir a unos marabusales que debíamos desmontar y preparar para la siembra de cítricos.

Aquello era más que una humillación. Por supuesto, en aquellas condiciones no cortamos ni un marabú, nuestra paciencia se había agotado por completo, más bien nos organizamos y así fue como aquella noche de mayo de 1994 en señal de protesta el pelotón completo se fugó luego de acordar que nadie regresaría en menos de una semana. La salida silenciosa del campamento y el tránsito uno a uno por entre naranjales hasta la autopista nacional donde en cuestión de minutos abordamos una rastra rumbo a Las Villas fueron los momentos más gloriosos vividos en aquellos ocho meses de vejaciones. A nuestro regreso, a los que regresamos pues algunos jamás volvieron, se nos sometió a juicio en el anfiteatro del campamento realizándonos una pregunta común que no encontró respuesta: ¿quién había sido el cabecilla? El final del juicio consistió en la entrega de los avituallamientos que nos habían robado durante aquellos meses, nuestro modo de protesta noviolenta demostraba la vulnerabilidad de quienes creen que tienen el poder y nos hizo descubrir que el poder realmente estaba en nuestras manos. La fuga masiva de un pelotón del EJT le había dado la vuelta a toda la isla y puso al descubierto altos índices de corrupción. Aunque fui liberado aquel inolvidable 28 de julio de 1994 no puedo evitar que desde entonces por mis venas corra jugo de naranja.

El EJT se ríe, pero araña

La industria citrícola de Jagüey Grande más allá de los herbazalesBien dice el «Sitio Web de la defensa de Cuba» en su página dedicada al Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) y refiriéndose a la fundación de este que «El 3 de agosto de 1973 culminaba una fructífera etapa de trabajo, iniciada cinco años atrás, por la Unión de Jóvenes Comunistas.» Ese lustro es el que dista precisamente entre la cancelación de las UMAP y el inicio del EJT. Fue el tiempo necesario entre un engendro y el otro. Mientras que las UMAP hoy parecieran ser una página oscura dejada atrás en el tiempo, aunque todavía los responsables no hayan rendido cuentas; el otro experimento, el EJT, celebra sus cuarenta años de existencia con bombo y platillo, como si no tuviese que avergonzarse de nada, cual si no fuesen sus fundadores los mismos de las UMAP, y cual si en el fondo no tuviese el EJT objetivos similares a estas, aunque aparentemente tome distancias de ellas. Cual si, para utilizar el decir popular, no fuese «el mismo perro, con diferente collar».  Entre los objetivos explícitos del EJT tal y como se exponen en su página digital está el «Crear y mantener una fuerza organizada con elevada productividad». Y en este objetivo nadie podrá negar ni su eficacia, ni su coincidencia con sus antecesoras las UMAP. No en balde la fundación del EJT en Camagüey donde hasta cinco años antes las UMAP tuvieron su máxima expresión. El EJT no es más que una versión refinada de las UMAP.

El bochornoso modo y sin consideración en que fuimos tratados miles de jóvenes integrantes del EJT en la mayor plantación cítrica del mundo en posesión de un único dueño ilustra muy bien el verdadero carácter de este «ejército invicto». Fuimos víctimas de una parte de la empresa «Victoria de Girón», propiedad del régimen, dirigida por  Hiram Santana Castro, y de la otra del Grupo B.M. y Waknine & Berezovsky Co. Ltd. quienes vinieron en auxilio de los empresarios cubanos cuando perdieron el apoyo de la URSS tras el desmoronamiento de esta en 1992. El negocio era claro: Waknine & Berezovsky proveería de su eficiente experiencia en Israel y obtendría beneficios mutuos con el régimen. Este joint venture a largo plazo entre ambas partes incluyó de Waknine & Berezovsky financiación, mejoramiento de la calidad y una mejor comercialización a nivel mundial de los productos de Jagüey Grande.  El régimen aportó las 40.000 hectáreas de plantaciones cítricas que rodean la fábrica, la destartalada infraestructura que heredaron de la URRS y por supuesto, la mano de obra segura y barata que conseguía el EJT, nosotros. Según el SEMANARIO ECONÓMICO Y FINANCIERO DE CUBA en el artículo «Cuatro décadas de excelencia en la producción de cítricos» para 1995 el EJT llegó a cubrir toda la actividad obrera en explotación de la «Victoria de Girón». Innegablemente éramos sumamente beneficiosos para estos capitalistas que se entendían entre sí. En compensación por sus aportes, y en buena medida a costa de nuestro sudor y a veces sangre, la Waknine & Berezovsky obtuvo derechos exclusivos para la comercialización a nivel mundial de los productos de Jagüey Grande.  

Sorprendentemente años después el EJT con su aporte inigualable fue retirado de los campos de cítricos en Jagüey. Evidentemente esto no obedeció a razones financieras: fuimos sumamente rentables. Es de imaginar que la Waknine & Berezovsky pidiera nuestra retirada en pleno conocimiento del trato inhumano al que sus socios cubanos nos tenían sometidos y temiendo alguna posible queja que pusiese en riesgo  un mercado tan próspero. Lo cierto es que estos eran riesgos que debían haber tenido en cuenta a priori, muy probables dada la calaña del régimen cubano con un amplio historial en materia de violaciones a derechos humanos fundamentales, y ahora constituyen hechos de una historia que ya no es posible revertir. Una frase amenazante ripostada con frecuencia de parte nuestro capataz, el Mayor Montes de Oca, al punto que entre nosotros se hizo célebre, puede resumir con agudeza la naturaleza torcida del EJT: «Yo me río, pero araño».

EJT: trabajos forzados y mano de obra barata

00fruta_1El «Manual de Incidencia Política de CSW» ha sido adoptado y adaptado por Patmos en Cuba para talleres que contribuyan a empoderar a los creyentes para incidir, como debemos, en las políticas hasta hoy muy desacertadas, llevadas a cabo en nuestro país. Mientras lo revisaba me llamó poderosamente la atención una referencia hecha al caso de la compañía petrolera Unocal, de California, llevada a juicio en EE.UU por usar el trabajo forzado en la construcción de un oleoducto en cooperación con la junta militar de Birmania. No pude evitar el traslado de mi mente a veinte años atrás, entre el 30 de noviembre de 1993 y el 28 de julio de 1994, cuando junto a muchos otros jóvenes en el Ejército Juvenil del Trabajo, EJT, se me explotó en calidad de mano de obra barata, sometido también a trabajos forzados para reportar cuantiosas ganancias a una empresa israelí en negocios con el régimen en Cuba. Me pregunto en qué situación se vería esa empresa judía si ciudadanos esquilmados como yo tuviésemos acceso a un estado de derecho como le sucedió a Unocal. Además de disponer a sus antojos del plan citrícola en Jagüey Grande, Matanzas, lo hicieron también con nuestras vidas sacándonos el máximo provecho cual si fuésemos de su estricta propiedad, tratados como esclavos.

Guardo fresca en mi memoria una noche, afortunadamente de luna llena cuando a las diez pm todavía estábamos en el campo, sin comer ni bañarnos, tras una gigantesca jornada de trabajo que se remontaba al amanecer, solo interrumpida por un exiguo almuerzo. Nos encontrábamos entonces en un campo de concentración aledaño al poblado San José de Marcos. El Mayor Montes de Oca, Jefe del Boom, había advertido en la mañana que hasta que no cumpliésemos la norma no nos haría regresar del campo, era necesario cumplir los planes acordados con los israelíes y nosotros los estábamos obstruyendo. Llegué a pensar que aquella noche dormiríamos en la campiña pero al filo de las once pm fue enviada la carreta a buscarnos, en definitiva desde el anochecer estábamos en paro. «Mañana nos veremos» – anunció amenazante el mayor. Exhaustos caímos a la cama con la ropa sudada durante todo el día, y sin bañarnos, pues para colmo en la Unidad no encontramos ni una sola gota de agua, y aunque la hubiera el aseo habría tenido que hacerse sin jabón: hacía tres meses no se nos hacía entrega del aseo personal. Según el Mayor Montes de Oca las asignaciones se nos enviaban al Boom donde nos habían ubicado originalmente, contiguo al poblado de Socorro, en Pedro Betancourt, y de allí no nos enviaban nada. Unas semanas después se descubrió que fuimos víctimas de robo como era de esperar de la inmensa corrupción administrativa que imperaba en los altos mandos del EJT.    

Al día siguiente al mediodía Dios me dio la oportunidad de retar ante el Campamento al temido Mayor Montes de Oca. Concluido el magro almuerzo hizo formarnos a todos en el campo colocando al frente a nuestro rezagado pelotón. Uno a uno debíamos comprometernos a cumplir la norma ante todos. Tuve la esperanza de que al menos algunos de mis compañeros se negaran, pero imperaba la cultura oportunista de la sobrevivencia. Las palabras recién leídas en la pequeña biblia que siempre llevaba resguardada en un nylon escondida en uno de mis bolsillos resonaban en mi mente. Eclesiastés 5.5: «Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas» fue la frase que profesé una vez llegó mi turno, cuando me negué a comprometerme a nada. El oficial literalmente tronó ante el Campamento, hizo una alusión al héroe mambí Antonio Maceo, y me condenó al calabozo de cuyas condiciones infrahumanas mejor no hablo. 

Al menos yo gozaba de la condición privilegiada de ser «diferido» (solo un año de servicio antes de entrar a la universidad), y apenas fui sometido a estos maltratos por ocho meses, la mayoría de aquellos jóvenes debería entregar dos años completos de sus vidas, y algunos no tendrían la paciencia suficiente para ello, como aquel joven de Caibarién quien tras fugarse y ser detenido, luego de días sometido al calabozo, mientras era trasladado a la temible prisión militar conocida como «La Paula», de donde solo se contaban horrores, se suicidó lanzándose de la rastra en que lo llevaban con sus manos atadas a la espalda, ante la sorpresa inútil de sus guardias. No podía soportar trabajar como esclavo para una empresa israelí en contubernio con el régimen mientras su abuela y su niña de tres años, dependientes totalmente de él, se morían de hambre en Caibarién.

Lo más crudo para mí no fueron los maltratos de un régimen de quien esperaba cualquier cosa, sino la decepción de que fuese precisamente una empresa israelí la que se aprovechase de sus ofertas, entre las que nos encontrábamos nosotros. Esto hería mi más profunda sensibilidad y mi amor por Israel, en lo cual se me educó desde mi primera infancia, fruto de los estudios bíblicos, y objeto prioritario de mis oraciones; a pesar de la propia campaña del sistema en contra de esta gran nación. Tampoco podía entender de qué bloqueo cacareaba el totalitarismo cubano si se daba el gusto de comerciar con una empresa del mayor aliado de los EE.UU, sin necesidad de relaciones políticas con ese Estado.

Mi EJT

citricos1Sin dudas ordenaron panegíricos a la prensa oficial en homenaje al Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) por sus cuarenta años de existencia. Entre los dos periódicos nacionales se repartieron la responsabilidad y se turnan con  trabajos como «Al pie de la línea», «EJT: un ejército invicto», «Fuerza formadora de jóvenes» e «Inmerso el EJT en las transformaciones de la economía cubana». Esa misma prensa no ha dicho una palabra sobre el escandaloso tráfico de armas que realizaba el fundador de las Unidades militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y su sucesor, el EJT, en contubernio a sus homólogos de Corea del Norte; pero las derrochan en un tema que me concierne porque en uno de esos campos de concentración me robaron ocho meses de mi vida hace veinte años.

Expresó el Coronel Pedro Duardo Méndez, Jefe de la Jefatura Territorial Ferroviaria de Occidente, citado en uno de esos artículos, que en el EJT «Las fuerzas las componen soldados del SMA, generalmente con problemas económicos o familiares» pero a mí me llevaron por el mismo requisito que cumplían los movilizados en las UMAP: por mi condición de creyente evangélico que no me hacía confiable para integrar el verdadero ejército, al cuidado y salvaguarda del régimen. Este mismo oficial expresó que en el EJT los reclutados «tienen un salario en dependencia de su producción en el mes… Trabajan en interés del desarrollo económico de nuestro país y a la vez reciben un estímulo salarial para la solución de su problema económico», pero cuando me marché del EJT tuve que pagarles una deuda de casi 200 CUP para poder recibir la liberación. Dijo también el entrevistado que los soldados «se reclutan en lugares cerca de sus casas, para facilitar el trabajo y la asistencia» pero a mí me trasladaron a 100 millas de mi casa y coincidí por esos campos con jóvenes que habían sido traídos de las regiones más orientales del país y aque si acaso visitaban su casa una vez al año.

El periodista Eduardo Palomares en el Granma del 5 de agosto (donde por cierto no se dedicó ni tan solo una palabra al aniversario diecinueve del maleconazo), dijo: «Calificada durante mucho tiempo como la fuerza más productiva del país,…, avizoran el rumbo acertado hacia la aspiración planteada por el General de Ejército Raúl Castro, de que el EJT sea siempre una institución sumamente eficiente». Y es que innegablemente, al igual que en las UMAP, el objetivo principal del EJT consiste en sacar el máximo provecho de jóvenes obligados a trabajar, especialmente en obras de carácter forzado en los que no resulta fácil involucrar voluntariamente al pueblo, al menos no con los ínfimos salarios que se devengan. Tiene que resultar eficiente ese consorcio proveedor de mano de obra barata a otras empresas, con la garantía adicional del control total de esclavos que sin derecho alguno son sometidos a toda clase de maltratos y vejaciones  para realizar las tareas que nadie más desea hacer. En tal sentido conservo fresca mi experiencia de hace veinte años en los campos citrícolas de Jagüey Grande, produciendo amplia plusvalía para una empresa israelí en tratos con el régimen que nos servía en bandeja de plata junto a nuestras naranjas. Pero conozco de buena tinta los trabajos forzados a los que someten hoy a quienes obligan a trabajar colocando líneas de ferrocarriles, las tareas especializadas las realizan por supuesto las empresas territoriales de la Unión de Ferrocarriles, el trabajo duro y mal pagado lo hacen estos jóvenes, algunos de los cuales, si logran terminar ilesos los dos años «que le deben» al régimen, quedan con sus columnas vertebrales traumatizadas para el resto de sus vidas. Terminan «arrengados» tras haberles «sacado el jugo» a la fuerza y solo a cambio de unos miserables centavos que habrán de invertir en la propia comida y medios para los que les descuentan de sus salarios escrupulosamente.   Ese es nuestro invicto EJT.

El trabajo hace libres

«Arbeit macht frei», El trabajo hace libres, rezaba la frase a la entrada del campo de concentración en Auschwitz. Esta irónica expresión que realmente abría las puertas a uno de los más tenebrosos campos de exterminio nazi, las supuestas piscinas en el interior para el baño de los «trabajadores», las estufas para calentar durante el frío, una en cada «albergue» de los internados (aunque jamás conocieran la leña), el supuesto departamento modelo en uno de los campos para gitanos, que luego fueron de una vez exterminados cuando ya no se les necesitaba para ser expuestos a las inspecciones… Toda esa hipocresía me trajeron por asociación durante mi visita en junio a esos campos de exterminio, los momentos en mi vida más parecidos a las circunstancias por las que atravesaron tantas víctimas del nazi fascismo, aun cuando mediase una distancia considerable.Junto a amigos en mi reciente visita a Polonia bajo el cartel EL TRABAJO HACE LIBRES en la entrada al campo de concentración en AuschwitzNunca olvidaré aquella diabólica noche del 30 de noviembre de 1993 cuando llegamos al Boom 400 del EJT. Para mi conciencia constituía una imperdonable transgresión a la que había transigido. En junio había concluido mis estudios de preuniversitario y obtenido una beca en la Universidad de La Habana para estudiar Ciencias de la información. Solo un inconveniente, para poder entrar a la Universidad no bastaba haber obtenido la carrera tras mi esfuerzo para las pruebas de ingreso que no todos consiguieron aprobar. Tenía que cumplir un año de Servicio Militar Activo (SMA), de lo contrario no habría carrera. Todos mis amigos o colegas de Preuniversitario que habían obtenido carrera como yo fueron reclutados sin excepción a más tardar en agosto. Unos fueron a parar a las filas del Ministerio del Interior (MININT), otros a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), yo por cierto no sentía ninguna envidia por ellos, pero, ¿qué pasaba conmigo? 

Tras el paso adicional de todo septiembre sin recibir citación alguna ya no tuve dudas, la misma condición de religioso por la que se me había marcado desde mis cinco años cuando entré a preescolar pesaba ahora, la misma que en mi noveno grado, a pesar de mi rendimiento académico, no me permitió ser un alumno «integral» ni clasificar para el status de «Abanderado del 2000». Ya entendía, por mi condición física, gracias a Dios, era apto para el SMA, pero por mi condición social estaba entre los marginados que no merecían la confianza de ser un soldado de la patria y no quedaba otra alternativa para mí que el EJT y habría que esperar a que llegase el primer llamado, aun cuando no me pudiesen explotar todo el año debiendo liberarme antes que comenzase el curso escolar en septiembre al año siguiente. A pesar de que el Coronel Pedro Duardo Méndez, Jefe de la Jefatura Territorial Ferroviaria de Occidente, expresó que «las fuerzas las componen soldados del SMA, generalmente con problemas económicos o familiares», según es citado en el artículo «Al pie de la línea», autoría de Patricia Cáceres, en el periódico Juventud Rebelde del 2 de agosto, yo poseía las mismas condiciones de mis compañeros «diferidos» que ya habían sido reclutados, aquí solo volvía a tenerse el criterio empleado en los reclutamientos forzosos a las UMAP en los ´60.

Fue así que llegó por fin la primera citación para llevarme al EJT a efectuarse el 7 de octubre. Solo que entonces era yo quien había adquirido un problema para acudir al llamado, un asunto de conciencia. El llegar a comprender mi condición de excluido, unido a mis lecturas selectas en aquellos meses de vacaciones: además de la Biblia en primerísimo lugar, León Tolstoi con «La guerra y la paz», y «El mundo de ayer» de Stefan Zweig, influyeron de tal manera en mí que me llevaron a la determinación de no presentarme aquel día, a riesgo no solo de perder mi derecho a estudiar en la universidad, sino también de abrir la posibilidad de que se me procesase para condenarme a prisión.

Las presiones familiares y sociales temiendo las consecuencias que se cernirían sobre mi persona fueron tan grandes, que se intercedió ante el Comité Militar Municipal obteniendo una segunda oportunidad y me hicieron prometer que acudiría al próximo llamado. Tal vez la fuerza más poderosa entonces para conseguir que claudicara fueron las lágrimas de mi madre, y aunque advertí a todos que me hacían obrar en contra de mi conciencia, transigí.

El resultado fue aquella horrible noche de noviembre. Para completar un apagón total. Díez de la noche y nada de comida. Se colocó a nuestro «pelotón» en el centro de la plaza y se hizo marchar a nuestro alrededor a diferentes «compañías» que llevaban semanas allí en el adiestramiento militar que se conoce en Cuba como «previa». Los rostros perturbados de jóvenes con sus cabezas totalmente rapadas integrando aquellos escuadrones obligados a cantar o gritar cada cual una consigna política diferente bajo las tenues luces de algunas antorchas, fue un espectáculo dantesco que me hizo sentirme como introducido en uno de aquellos campos de concentración nazi respecto a los cuales tanto había leído.  En los casi ocho meses que sobreviviría sometido a regímenes de vida extremos y obligado a trabajar demasiadas horas con normas impuestas que muy pocos llegaban a cumplir; sin contar la repugnancia de tener que soportar, «para no perder la universidad» o «no ir a la cárcel» el robo de nuestros salarios y asignaciones de ropa o artículos de aseo personal que se nos destinaban. Era indudablemente la misma hipocresía del cartel «El trabajo hace libres», pero sin cartel.

Al EJT en su 40 aniversario

Esta semana dedicaré mis post al denominado Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), a sus cuarenta años de creado, cumplidos el pasado sábado 3 de agosto, y a los diecinueve años de mi liberación de sus «filas», cumplidos también hace apenas unos días, el 28 de julio. Este supuesto Ejército, creado en 1973, según se dice, de la fusión de la Columna Juvenil del Centenario (CJC) y las Divisiones de Infantería Permanentes (DIP) tuvo su verdadero antecedente en las tenebrosas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) que en 1968 fueron disueltas ante la repulsa mundial dada su innegable y desenmascarada condición de campos de concentración en las cuales el régimen cubano cometió crímenes por los que aún no ha respondido, pero por los que sin duda pagará algún día por más que se haya afanado en borrar las huellas de tan negro período. Tras cinco años de su desmantelamiento estas UMAP fueron reorganizadas en el nuevo eufemismo del EJT. Por supuesto, no fue solo un simple cambio de siglas, cinco años entre muerte y resurrección fueron suficientes para sacar experiencias e intentar hacer lo mismo pero con otras apariencias.

Yo viví en carne propia durante casi ocho meses las explotaciones y vejaciones más grandes a las que he estado sometido en mi vida precisamente en el EJT. Entre el 30 de noviembre de 1993 y el 28 de julio de 1994 me sentí como un auténtico esclavo. Cuando me preguntan si fui soldado alguna vez respondo categóricamente que no, pero que sí estuve prisionero bajo la falsa fachada de cumplir el Servicio Militar Activo (SMA) en el Boom 400 del EJT, un campo de concentración ubicado a una milla de la autopista nacional en su kilómetro 119, teniendo como poblado más cercano a una comunidad con el muy bien puesto nombre de Socorro, perteneciente al municipio de Pedro Betancourt, provincia de Matanzas. A pesar de que apenas fueron ocho meses conocí otros dos campos de concentración similares a los que fuimos enviados a cumplir «misión» de parte de nuestro Boom 400, uno muy cercano a Torrientes, y el otro a San José de Marcos, dos poblados del municipio Jagüey Grande. En estas tres unidades militares de apoyo a la producción citrícola fuimos mano de obra barata y segura para el régimen quien por entonces tuvo fuertes negocios en esta esfera con empresas israelíes. Una de las mayores contradicciones que viví, por cierto, en aquellos aciagos días fue preguntarme cada momento el por qué de la complicidad de capitalistas sionistas con este régimen totalmente antisionista que ni siquiera admite embajada del Estado de Israel. Para mí, educado desde mi primera infancia en una comunidad bautista que me inculcó el amor por los judíos y me enseñó a orar por la paz de Jerusalén, esta fue una de las mayores torturas que acompañó cada gota de sudor y maldición.

La lectura de la autobiografía «Tras cautiverio, libertad», de mi amigo Luis Bernal Lumpuy, donde se incluyen experiencias traumáticas vividas por el autor en las UMAP, me obligó a recordar por asociación mis tristes vivencias en el EJT y por esto dedico a él mis breves escritos de esta semana, con la certeza de que ambos veremos por fin a una Cuba libre de estas flagrantes violaciones a los derechos humanos fundamentales; y de tiranos dados a engendrar campos de concentración como las UMAP o el EJT, aventajados alumnos de Stalin, quien se destacó por experiencias similares en Siberia, y socios actuales de regímenes expertos en este tipo de reclusorios, donde se realizan crueles experimentos con seres humanos, como Corea del Norte, nuestro mejor aliado del momento, tal y como confirma al mundo la aventura belicista puesta al descubierto en Panamá.Documento identificatorio que logró sacar escondido Luis Bernal de las UMAP

16 de enero: Día de la Libertad Religiosa

Como cristiano de confesión bautista en Cuba hoy es un día en el que pido a Dios, y exijo a quienes desgobiernan la nación, que cada cubano tenga el derecho a creer o no creer, o creer de la manera que entienda, aun cuando difiera totalmente de mí. Los post publicados en este blog constituyen un testimonio de que la libertad religiosa de la que alardean los que ostentan el poder en Cuba es simplemente una fachada.

Cuando era un niño fui víctima de la intolerancia religiosa en Cuba. Nunca olvidaré como ante la mirada de todos los demás, con solo cinco años de edad, apenas en el curso de Pre-Escolar, me hicieron poner de pie por ser ¨religioso¨ y este fue el estigma con el que tuve que cargar durante muchos años de discriminación e intolerancia. Aun así no tuve que vivir escenas horribles como las los campos de concentración de las UMAP.

Hoy en día debo acatar que un régimen que intenta manipular a todas las jerarquías religiosas establecidas en el país y que hostigue el trabajo de quienes decidan no plegarse ante el poder, de lo cual es muestra la cuenta aún congelada de la Primera Iglesia Bautista ¨La Trinidad¨ de Santa Clara, o mi exclusión del equipo de capellanía carcelaria. A centenares de grupos religiosos dispersos por todo el país se les niega el derecho a inscribirse en la lista del registro de asociaciones del Ministerio de justicia, aun cuando lo procuran constantemente. A otros se les niega el regreso a dicha lista como resulta el caso escandaloso de los Testigos de Jehová quienes permanecen en un limbo semilegal difícil de definir.

En días pasados Solidaridad Cristiana Mundial (CSW), con sede en Londres, exhortó al régimen en Cuba a cumplir con su retórica de libertad religiosa. Agradezco la solidaridad de muchos hermanos en el mundo que no permanecen de espaldas ante las constantes violaciones a nuestras libertades. Ojalá que los cristianos, y creyentes en general de cualquier confesión religiosa en Cuba, exijamos también el respeto a nuestros derechos individuales.

¡Que Dios bendiga a Cuba, y al mundo entero!

MI ESPOSA YOAXIS CONDUCE SERVICIO RELIGIOSO EN LA IGLESIA RURAL QUE PASTOREAMOS EN ROSALÍA

MI ESPOSA YOAXIS CONDUCE SERVICIO RELIGIOSO EN LA IGLESIA RURAL QUE PASTOREAMOS EN ROSALÍA